




















Los orígenes de la práctica ancestral del canto de pilón se remontan a la diáspora africana, a las mujeres esclavas cuyo cuerpo era sometido pero cuyo espíritu permanecía indomable
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“En la isla de Margarita fue donde se grabó uno de los cantos de pilón más emblemáticos a finales de la década de los cuarenta. Fue grabado por Francisco Carreño, y sirvió de alguna manera de inspiración a la música de la ‘Suite Margariteña’ de su hermano Inocente Carreño con ese rítmico acompasado del golpe de pilón que en Margarita se daba, al igual que en el resto del oriente venezolano cantado normalmente, alternándose con el esfuerzo físico del pilado del maíz.
Quizás la versión más emblemática, más conocida, más difundida fue la que usó en su producción de 1962 el Quinteto Contrapunto, en la voz de Morella Muñoz. El Director del Quinteto, Rafael Fucho Suárez (también margariteño), respetó la línea melódica, el carácter de ese cantado, que magistralmente interpretó, Morella Muñoz” (afrodescendiente).
Canto de Pilón. Morella Muñoz (y explicación)
“Hace más de 20 años trabajé con Omaira Gutiérrez en una producción discográfica testimonial que se llama ‘Memoria Musical de Paria’, en la cual hicimos un registro para su producción, con el técnico Héctor Moreno en la grabación y mi persona, en la asesoría musical de distintas manifestaciones propias de la región de Paria, y por supuesto pudimos escuchar los cantos de trabajo, de los cuales obtuvimos dos versiones muy interesantes. Una del canto de Yojo, que es un canto de recolección, que se utiliza básicamente para la recolección de café y cacao, y un canto a dos voces alternas, como se estila: el canto de Pilón. Recuerdo ese trabajo magnífico donde hacían ese esfuerzo combinado entre dos mujeres, de realizar la faena, alternando cada una de ellas sus coplas improvisadas, generalmente alusivas a tópicos de la vida cotidiana. El canto de pilón es una manifestación muy propia de la tradición venezolana, de lo que es el canto funcional de trabajo, donde se coordina el esfuerzo físico junto con la inventiva y la improvisación que van haciendo las pilanderas en torno a esa faena”.
Quien así se expresa es el etnomusicólogo, músico, guitarrista, productor e investigador Carlos García Carbó, quien hace unos veinte años ya trajinaba al lado de Omaira Gutiérrez desentrañando los significados del ancestral golpe del pilón y de su canto.

Ella, Omaira Gutiérrez, antropóloga nacida precisamente en el estado Sucre, y en la zona de Paria, es la que pone sobre el tapete la urgencia de declarar el 25 de junio como el Día del Canto de Pilón en Venezuela no por el festejo, aunque es bueno celebrarse en la historia y la resistencia cultural sino por las reflexiones que de allí derivan.
Esta antropóloga cumplió el mandato del frente afro sucrense y de las mujeres del estado Sucre (oriente venezolano) de presentar la propuesta ante la Comisión Permanente de Cultura y Recreación de la Asamblea Nacional de Venezuela.
El soporte histórico es fascinante al combinarse música, comunicación, resistencia cultural, identidad, historia y gastronomía en una fusión que debe ser mucho más visibilizada.
“El pilón tiene vigencia en todo el estado Sucre con el tema de la pilandera, pero en Paria el pilón es un elemento, uno de los enseres clave para la cocina, porque el pilón es donde se hace la bola de plátano, y la bola de plátano acompañante de todo lo que se hace ahí, seco o mojado. Entonces ahí hay un elemento importante que transversaliza eso de lo de los cantos de pilón”, nos señaló la profesora Omaira.
Cantos de Pilón
Faena y Trinchera
Reseña la antropóloga Gutiérrez: “Los orígenes de la práctica ancestral del canto de pilón se remontan a la diáspora africana que hizo posible la presencia en la Abya Yala del pilón de madera con su mazo donde se trillaba y aun se pila maíz, plátano y demás tubérculos para el sustento diario”. Se refiere la investigadora al África Subsahariana, al África occidental de donde salieron la mayoría de los que morirían en los barcos negreros y bajo el esclavismo mientras buscaron el refugio de sus costumbres y creencias organizando una base de resistencia que no con poco dolor, triunfó. Este proceso comenzó en el siglo XVII. Ya estamos en el siglo XXI…
“La práctica de pilar ha sido un oficio desempeñado históricamente por mujeres, en un espacio de trabajo forzado, extenuante y cotidiano. Allí, en la penumbra de la madrugada, la mujer afro-descendiente y esclavizada doblegaba el grano con la fuerza de sus brazos. Y mientras el cuerpo era sometido, el espíritu permanecía indomable”.
—¿Y cómo resistían?
“Cantando. El sonido del mazo golpeando el maíz: ¡schá, schá, schá!, se convirtió en el metrónomo de la emancipación. Ese golpe rítmico era el latido de un tambor disimulado, una percusión sagrada que los capataces no podían prohibir porque, después de todo, garantizaba la producción del alimento. Debajo de esa aparente sumisión al trabajo, nuestras ancestras construyeron una trinchera. El canto de pilón no se cantaba solo para aliviar la carga; se cantaba para sobrevivir a ella. Era el espacio donde el cansancio se transformaba en arte y donde el lenguaje se convertía en un código secreto de libertad”.


—¿Cómo define al Canto de Pilón?
“No es una repetición monótona de versos fijos. Su estructura es profundamente africana: es un canto de llamadas y respuestas. En esta dinámica, la creatividad y la improvisación colectiva son el motor fundamental. No se trataba simplemente de emitir sonidos para acompasar el golpe del mazo; se trataba de un canal de comunicación de una agudeza extraordinaria. Una mujer lanzaba una cántica de pilón, improvisando sobre lo que acontecía en su entorno, sobre el abuso, sobre la escasez del hogar, o sobre la esperanza del cimarronaje, y otra mujer desde otro patio, respondía, validando, complementando o expandiendo el mensaje. Esta capacidad de improvisar en el momento otorgaba a las mujeres una soberanía discursiva absoluta. En un mundo donde se les negaba la palabra, donde el orden colonial les prohibía opinar, el canto de pilón se convertía en su periódico oral, en su asamblea comunitaria, en su espacio de análisis político y social desde la cotidianidad del trabajo. La improvisación era la garantía de que el canto nunca muriera, porque se adaptaba a las necesidades, dolores y victorias de cada día. Fue, y sigue siendo, una medicina social. Las mujeres no solo pilaban maíz; pilaban el cansancio y el dolor para disolverlo. Se sanaban unas a otras a través de la distancia, recordándose mutuamente que, aunque el trabajo fuera precarizado, ninguna estaba sola. El canto colectivo actuaba como un bálsamo reparador del tejido social, una terapia comunitaria donde el cansancio y sufrimiento individual se colectivizaban para transformarse en fuerza comunal”.
Lo anterior hizo parte de la presentación que a nombre del pueblo afrosucrense se escuchó y se recibió en la Asamblea Nacional de Venezuela para destacar la importancia histórica de la solicitud elevada en honor de los cantos de Pilón y de una de sus más grandes cultoras.
Guillermina Ramírez Cova
Nacida en la tierra indómita de Cariaco, casi en el cierre del majestuoso y enigmático golfo del mismo nombre, Guillermina fue una polifacética cultora, partera, sanadora, cantora, bailadora, promotora y organizadora de comparsas y parrandas; una guardiana celosa de la memoria y una de las referentes del canto de pilón en el oriente del país. Su vida fue un apostolado por la cultura popular, un esfuerzo tan monumental que ya en el año 1994, el estado Sucre la reconoció con justicia como Patrimonio Cultural Viviente.
El próximo 25 de junio de este año 2026 se conmemora el centenario de su nacimiento. Cien años de su llegada al mundo; un siglo desde que nació la mujer que heredó el canto interpatio para resistir las secuelas de la exclusión, la maestra que lo transformó en una herramienta de liberación, sanación y pedagogía para las generaciones del futuro.

Justo es rendir un reconocimiento nacional a la maestra Guillermina Eloísa Ramírez Cova en el marco del centenario de su nacimiento, reconociéndola como pilar fundamental de la cultura popular del oriente venezolano y referente de las formas ancestrales de comunicación popular en nuestras comunidades afrodescendientes. En segundo lugar, como el mayor acto de justicia para ella y para todas las cantadoras anónimas que tejieron redes en las madrugadas de nuestra historia.
Por toda esta carga de dignidad histórica es que el pueblo del estado Sucre solicita que se declare el 25 de junio (natalicio de Guillermina Ramírez) como Día Nacional de los Cantos de Pilón en Venezuela.
“No podemos defender la soberanía del siglo XXI si no defendemos la soberanía de nuestra memoria y de nuestras redes de cuidado colectivo. Hagamos justicia con nuestras mujeres cantoras del oriente venezolano, las de Sucre, hagamos justicia con la memoria eterna de Guillermina Eloísa Ramírez Cova.
Cantos de Pilón Guillermina Ramírez
Y al meternos en esos mundos, los problemas de esos mundos son nuestros. Hemos de traer esa memoria, que el tiempo a veces trata de borrar y en la que a veces los medios de comunicación y a veces las redes no ayudan, porque la globalización mete a todo en un solo saco y los niega, casi que los hace invisibles. El tema del pilar, el tema de pelar el maíz, la concha, para hacer la arepa (pelada o pilada), es una cosa de todos los días en nuestros campos. A lo mejor en las ciudades no, pero en los campos sí. Y por eso es algo con plena vigencia. A lo mejor no cantan tanto como antes, pero el canto, el ritmo y la tradición se mantienen, al igual que el sabor que sale de esas manos de hoy herederas de tanta historia.
Autor: teleSUR - Lil Rodríguez
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