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Marc Toda, un español en la élite de las carreras de subi...
Javier Sánchez · 2026-03-27 · via Más deporte

Lleva varios años en el circuito mundial de 'tower running', que escala varios de los edificios más altos, como la Shanghái Tower, con 3.400 escalones

Marc Toda, en plena competición.

Marc Toda, en plena competición.E.M.

Actualizado

«Cuando explico lo que hago siempre me cae el mismo chiste. Me dicen: 'Tú sabes que hay ascensores, ¿no?'. Y lo sé, lo sé. Pero yo los uso solo para bajar», cuenta Marc Toda, que acepta la guasa porque lo suyo tiene guasa. Es un corredor de rascacielos, un tower runner. Su afición consiste en viajar de país en país para subir a toda velocidad los edificios más altos a través de sus escaleras de servicio.

¿La Shanghái Tower, tercera torre más alta del mundo? La ha conquistado. ¿El One Penn Plaza de Nueva York, que acompaña al mítico Madison Square Garden? También. La Lotte World Tower de Seúl, la Torre de Kuala Lumpur... Edificios que exigen entre 1.000 y 3.400 escalones de ascenso. Da igual. Todos los ha trepado desde la base hasta la cima a un ritmo de vértigo. En el top 30 del ranking mundial de la especialidad -primer español de la lista- el próximo sábado será uno de los favoritos en la Subida Vertical al Gran Hotel Bali de Benidorm, la prueba con más solera del país: ya cumple 20 ediciones.

¿Por qué?
No lo sé, la verdad [Se ríe]. Siempre había jugado al baloncesto en el club de mi ciudad, Valls, y llegué a Primera Catalana, pero luego me pasé a las carreras de asfalto y de montaña. En 2006, un amigo participó en la subida de la Torre de Collserola en Barcelona y me impactó. Allí estaban los mejores del mundo del trail: Kilian Jornet, Agustí Roc... Me pareció muy llamativo. En 2013 me fui a vivir por trabajo a Kuala Lumpur, disputé mi primera carrera y al volver a España empecé a seguir el circuito mundial.

De la Torre Eiffel a Asia

La historia de las carreras de rascacielos es confusa, pues existen precedentes muy dispersos. En 1905 ya hubo una en la Torre Eiffel -la organizó la revista Les Sports y la ganó el ciclista Eugène Forestier- y una prueba en el Empire State en 1978 devolvió la modalidad a los medios, aunque la aparición de un circuito mundial tuvo un motivo más práctico. Con la proliferación de edificios altísimos en Europa y especialmente en Asia, los bomberos empezaron a competir entre ellos en sus instalaciones de servicio; eso derivó en carreras oficiales y, finalmente, en un tour. Desde 2009 existe una gira reglada que pasa por Estados Unidos, Tailandia, México, China, Polonia o España, con la prueba de Benidorm.

«Aquí tenemos la carrera del Hotel Bali y alguna más, en Barcelona o Asturias, pero en general en Europa hay poca tradición. El tower running está creciendo especialmente en Asia. Allí tienen muchos rascacielos y la gente vive en ellos, lo que les facilita entrenar», explica Toda, cuya situación es diametralmente opuesta. Vive en una casa de dos plantas en Valls, cerca de Tarragona, con solo 15 escalones para subir o bajar. «Es muy difícil porque aquí no tenemos edificios tan altos y los que podría utilizar, en Barcelona, no me dan permiso para hacerlo. Algún día sí he intentado entrenar en casa: estuve subiendo y bajando mis 15 escalones durante una hora, pero aquello no tenía ningún sentido».

Por amor al arte

El tower running es agónico por definición. Los corredores salen en contrarreloj, uno cada medio minuto, y deben marcar su mejor tiempo. No hay tácticas ni descansos: solo subir escalones al máximo durante 20, 25 o 30 minutos. Llega un momento en que el ácido láctico ya no permite que las piernas se muevan con fluidez y entonces entran en juego los brazos y la ayuda de las barandillas. Nadie llega arriba de una pieza. «Hay un momento en el que solo ves paredes y te mareas un poco. Siempre digo que me gustan más las carreras de montaña por los ritmos y los paisajes, pero las carreras de rascacielos tienen algo distinto», apunta Toda.

¿Y dan para vivir?
No, no, qué van. Si estás entre los cinco o los diez primeros del ranking te pagan el viaje , el alojamiento y el dorsal y puede salirte a cuenta si te llevas el premio. Pero para el resto es un hobby. Yo soy entrenador personal y de clases dirigidas, y el tower running es mi manera de viajar, de conocer mundo. Es una excusa. Solo busco disfrutar de la experiencia y recorrer el máximo de lugares posible.