





















Fue el sueño de un califa que se creía eterno, Abderramán III. No en vano, llegó a vivir 70 años (y gobernó 58), que no era poco para la época, allá por el siglo X. Y para celebrar su autoproclamación como jefe supremo, no dudó en levantar en su honor una nueva metrópoli palatina que impresionara a todo el mundo. Así nació Medina Azahara, situada a ocho kilómetros de Córdoba y uno de los cuatro Patrimonios de la Humanidad de por la Unesco de la ciudad (es la única del mundo con tal número), además de Bien de Interés Cultural desde 1923.
El primer califa de Córdoba y el que inició la dinastía omeya en la Península Ibérica, el ya citado Abderramán III, quiso mostrar a todo el mundo (y especialmente a sus enemigos) su bestial poderío, por lo que mandó levantar la ciudad más espectacular del momento en una superficie elevada en las faldas de Sierra Morena para poder divisar a los que quisieran atacarla. Corría el año 936 d.C. para ser exactos y se tardó en hacerlo más 40 años. En el trabajo participaron 20.000 obreros y alrededor de 1.000 artesanos, que cuidaban cada detalle con mimo.

Una de las puertas de la ciudad califal.SHUTTERSTOCK / I. GARCÍA
Ése es el significado del nombre oficial de la metrópoli en árabe, Medina Azahara ("madinat" es ciudad y "al-zahra", brillante), "ya que todo en ella era blanco y reluciente, símbolo una vez más de la grandiosidad que quería transmitir el emir", explica el arqueólogo y conservador Rafael Vera, auténtico apasionado de la Andalucía islámica. Hay otras teorías más románticas que apuntan a que Azahara era en realidad una de las amantes de Abderramán III y decidió dedicarle el lugar en señal de amor a su favorita. No en vano, muchas de ellas llegaron a tener un papel protagonista en las intrigas de la Corte, sobre todo las que fueron madres de sus sucesores como Maryana, que dio a luz a Alhakén II, quien sucedió en el califato a Abderramán. También destacó Fátima, a quien le unían lazos de sangre, o Mustaq, con quien pasó sus últimos años de vida.

Vista del yacimiento.
La ciudad ocupaba 112 hectáreas, pero sólo se han descubierto 10 de ellas (¡menos de un 10% de la superficie total!) desde que comenzaran las excavaciones en 1911 durante el reinado de Alfonso XIII. En 1923 se logró averiguar el perímetro de la urbe (1.500 metros de largo por 500 de ancho), de forma rectangular y dividida en tres terrazas, tras los trabajos de supervisión del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, profesor de Antonio Palacios y Aníbal González Álvarez-Ossorio y quien dedicó más de 14 de años de su vida profesional a Medina Azahara, lo que le valió el título de Hijo Adoptivo de Córdoba.

Recorrido por el yacimiento a ocho kilómetros de Córdoba.
Hoy en día, continúan las investigaciones a pie de campo. "Es más, es uno de los pocos lugares en los que se puede ver la labor de los arqueólogosin situ, en la primera zona del yacimiento, junto al museo dedicado a él, inaugurado en 2009", como reseña su propio director, Antonio Vallejo. Éste se encuentra a 800 metros del reciento arqueológico, por lo que hay servicio de autobuses para el traslado. En él se cuenta la historia de la ciudad en una zona expositiva con piezas encontradas como el famoso cervatillo de Medina Azahara, una escultura de bronce que funcionaba como surtidor de agua que ya aparece en Las antigüedades de las ciudades de España (1575), obra del cronista del rey Felipe II, Ambrosio de Morales. El centro también cuenta con una biblioteca con libros relacionados con el yacimiento y el arte islámico.

Museo del Conjunto Arqueológico de Medinat Al-Zahra.
Como enclave supuestamente inexpugnable (error que luego se confirmó...), Medina Azahara incluía una muralla capitaneada por varias torres de defensa, diferentes puertas de entrada, un alcázar, un salón de recepciones para impresionar a los embajadores extranjeros (el llamado Salón Rico), una mezquita principal orientada hacia La Meca (al contrario que la de Córdoba, que lo hace hacia el Sur) y varias para los diferentes barrios, oficinas administrativas, jardines, baños árabes, zocos, tiendas, talleres de artesanos, una fábrica para acuñar monedas (ceca), un complejo sistema de abastecimiento de agua a través de acueductos, una biblioteca con libros en árabe, griego y latín... "Para muchos de estos edificios se utilizaron materiales de los numerosos restos romanos existentes en Córdoba", añade Varela.

El recinto llegó a contar con más de 400 palacios.
Habría que añadir las más de 400 residencias aristocráticas para los altos mandos (ya decíamos que el objetivo era mostrar el poderío ante cualquier posible contrincante, ya que las conspiraciones no dejaban de sucederse), por lo que los jerarcas se trasladaron hasta aquí junto al califa. Lo hicieron acompañados de un buen puñado de concubinas, que se paseaban por estos palacios decorados con tapices, sedas, mármoles y todo tipo de elementos lujosos. No sólo Abderramán III tenía amantes, sino que los harenes eran parte del día a día, como ya apuntamos. Muchos de estos palacios incluso contaban con sus propias murallas defensivas, además de bucólicos jardines y albercas.

Visión nocturna de "la ciudad brillante".
La ciudad apenas tuvo 80 años de vida y fue arrasada completamente durante la guerra civil de Al-Ándalus, siendo devastada por los bereberes, quienes asesinaron a gran parte de sus habitantes, produciéndose el abandono y posterior conversión en ruinas. Sin embargo, en los últimos tiempos, investigaciones del Instituto Geológico y Minero de España han señalado que, además de la contienda, se podría haber producido un terremoto en la zona que acabó llevando a la ciudad al olvido. No en vano, se han registrado hasta 163 ejemplos de deterioro en edificios, columnas, arcos, muros y pavimentos provocados por actividades sísmicas. Su caída en el olvido hizo que permaneciera oculta durante siglos, lo que explica su buena conservación.

Panorámica del Patrimonio de la Unesco cordobés.
DÓNDE DORMIR
Hesperia Córdoba (hesperia.com). Acogedor hotel recién renovado por completo con un diseño inspirado en los monumentos de la ciudad (empezando por la Mezquita-Catedral) y en el legado andalusí. Ofrece las mejores vistas al casco antiguo desde el otro lado del río Guadalquivir. Cocina local y cócteles de autor en el River Lounge Bar y el Skybar Mezquita de la azotea. El programa Hesperiencial de la cadena ofrece planes turísticos distintos tanto en el hotel como fuera, con visitas privadas a palacios, museos y yacimientos como el de Medina Azahara para vivir Córdoba como un local.
DÓNDE COMER
De la tortilla XXL del bar Santos a los sabores tradicionales de la Ermita de la Candelaria, restaurante levantado en la iglesia homónima, o Noor, con tres estrellas Michelin.
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