

























Juli�n Ruiz
Actualizado
Si una afici�n pita hasta el �xtasis a Kylian Mbapp�, el mejor jugador del mundo, que ha marcado 41 goles en 41 partidos, est� todo dicho. Eso no lo he visto nunca en ning�n lugar del mundo. Por tanto, la afici�n tiene lo que se merece: un fracaso.
La intoxicaci�n medi�tica para ganar notoriedad a base de machacar al astro franc�s roza el pecado mortal. Creo que anoche Mbapp� disput� su �ltimo partido con el Real Madrid. Probablemente lo veremos en Inglaterra, donde no se pita a los propios, incluso cuando rinden por debajo de lo esperado.
La desconexi�n de Mbapp� comenz� cuando, en un error hist�rico, Florentino P�rez nombr� entrenador a �lvaro Arbeloa. El t�cnico —apodado "el espartano"— percibi� pronto que Mbapp� no estaba c�modo con �l y el jugador asumi� que se encontraba ante el peor entrenador de su carrera. La apuesta se volc� entonces hacia Vinicius J�nior.
Es probable que Arbeloa presuma alg�n d�a de haber sido el t�cnico que dej� varias veces en el banquillo a Mbapp�. Una decisi�n mezquina y dif�cil de justificar. El bochorno es mayor si se a�ade la ausencia total de autocr�tica por parte del presidente, pese a los "logros" de su t�cnico: eliminaci�n de la Copa, de la Champions y de la Liga. Un balance dif�cil de defender.
Al menos, la sensaci�n es que queda poco para poner fin a esta etapa. El equipo transmite una imagen preocupante: juego lento, sin ideas, sin estructura t�ctica ni imaginaci�n.
El Oviedo, sin ir m�s lejos, dej� espacios y distancias que cualquier rival de mayor nivel habr�a castigado con severidad. El partido se convirti� casi en una despedida encubierta de Santi Cazorla en el Bernab�u, mientras el jugador se abrazaba con todo el mundo, incluidos utilleros, en una escena m�s emocional que competitiva.
Queda poco para que termine esta pesadilla, aunque una vez m�s Florentino P�rez logra escapar de la cr�tica directa. Sus dos �ltimas temporadas tambi�n quedar�n para el recuerdo.
Cabr�a preguntarse si Emilio Butrague�o sigue considerando a Florentino ese "ser superior" que una vez proyect�. La imagen reciente del presidente —nerviosa, desbordada y hasta grotesca— dista mucho de la que en otro tiempo impon�a respeto.
Incluso ha dado alas a figuras emergentes como Enrique Riquelme, al que algunos descalificaban por su acento sudamericano y que ahora se atreve a dirigirse de t� a t� al presidente para pedir m�s tiempo y reclamar espacio.
El trasfondo de las recientes intervenciones p�blicas de Florentino, especialmente entre martes y mi�rcoles, ha reabierto adem�s un viejo conflicto empresarial entre ACS y Ignacio S�nchez Gal�n, presidente de Iberdrola.
Todo se remonta a cuando la empresa de Florentino intent� entrar en el capital de Iberdrola. Tras varios procesos judiciales, ACS no logr� acceder al consejo de administraci�n. Ahora, en un giro llamativo, Riquelme —impulsado por su �xito en el negocio de las energ�as renovables en M�xico junto a Gal�n— aparece como figura emergente con influencia creciente.
Tambi�n ha ganado peso en ese entorno David Mesonero, mano derecha de Gal�n y casado con Inmaculada Gal�n, la hija mayor del presidente de Iberdrola. El movimiento apunta a una estructura cada vez m�s s�lida en torno a la el�ctrica.
En ese contexto se entiende el tono agresivo de Florentino en sus �ltimas apariciones: percibe una amenaza real de incursi�n en el Real Madrid por parte de este entorno empresarial. Una suerte de revancha hist�rica: ACS intent� en su d�a influir en Iberdrola, y ahora el movimiento podr�a ser inverso.
Florentino es consciente de que estos grupos manejan recursos suficientes —m�s de 200 millones de euros— para aspirar a la presidencia del club, aunque carecen todav�a de una estructura deportiva consolidada.
El presidente defiende su posici�n con u�as y dientes, apelando constantemente a los socios como propietarios del club. Sabe que lo que est� en juego no es solo la presidencia, sino el control de un negocio gigantesco y, sobre todo, el legado de su gesti�n.
El temor es claro: que los llamados "iberdrolos" puedan alterar el modelo del club, incluso abrir la puerta a escenarios que hasta ahora el madridismo ha rechazado, como f�rmulas de propiedad m�s abiertas o mercantilizadas, al estilo de otros grandes clubes europeos.
Pese a la tensi�n, Florentino cuenta con un poderoso respaldo: su posici�n en ACS, una empresa con una cartera que roza los cien mil millones de d�lares. En �ltima instancia, como siempre, la historia la escriben el dinero y el poder.
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