


























Todo arte requiere para su culminaci�n art�stica y social de unos ingredientes que le hagan trascender de lo cotidiano. Y el toreo no es ajeno a esa peculiaridad. Por ello, quien esto escribe, apasionado de la Fiesta y redactor de miles de p�ginas dedicadas a los gladiadores de los ruedos, aboga con decisi�n por potenciar la rivalidad en el toreo, de ah� que, donde en mi nuevo libro El verano sangriento de Hemingway aludo al dominio, la sabidur�a y la personalidad de Luis Miguel Domingu�n, hoy citar�a las misma cualidades de Andr�s Roca Rey, el torero peruano que ha conquistado los ruedos y a los aficionados espa�oles. Y donde en el libro aludo al arte, la hondura y la profundidad de Antonio Ord��ez, podr�a decir lo mismo del arte de un torero genial como Morante de la Puebla. Dotados los dos de la capacidad necesaria para retar y aceptar el reto, de acumular valor para enfrentarse al toro con arte, a la genialidad de Morante, Roca Rey opondr�a y propondr�a hoy el dominio, el gusto por el riesgo y el desd�n por el peligro.
�Bendita rivalidad, bendita disputa la que deber�an estar celebrando ambos toreros! Estoy convencido de que miles de aficionados lamentaron que el amago de rivalidad ocurrido el 9 de agosto de 2025 en la Plaza Real del Puerto de Santa Mar�a, cuando Morante recrimin� a Roca Rey que realizara un quite a su toro cuando ya llevaba cuatro puyazos, fuese saldado s�lo unas semanas despu�s del incidente con un simp�tico gesto de afinidad en La Maestranza. Nos quedamos sin ese duelo entre los diestros m�s atractivos del momento, pero unos meses despu�s, las heridas sufridas por los dos toreros en sus actuaciones en la Feria de Abril de Sevilla de este a�o han devuelto al imaginario colectivo la posibilidad de un nuevo enfrentamiento que evocara el recuerdo de aquel verano sangriento, cuando Luis Miguel Domingu�n y Antonio Ord��ez convalec�an heridos en el sanatorio Ruber de Madrid, como en este abril de 2026 lo hicieron en un hospital de Sevilla los dos diestros que mayor atractivo ofrecen a los aficionados y espectadores a los toros. Los periodistas escribieron y titularon: "La primavera sangrienta". Ojal�.
Para saber m�s

Por ello, evoco en estas p�ginas que la rivalidad entre Luis Miguel y Antonio Ord��ez estaba gestada en el encono que a�n lat�a entre Antonio Ord��ez y la lamentable gesti�n, seg�n opinaba �l, que hab�a llevado su familia pol�tica -los dominguines- de su carrera profesional, tensi�n superada gracias al acuerdo fraguado por Don Domingo.
En efecto, el patriarca de los Domingu�n, en el verano de 1958, aquejado ya de una enfermedad terminal, rog� a sus hijos que convencieran a Antonio Ord��ez, casado con su hija Carmina, para que reconsiderara la ruptura entre ellos, motivada por el abandono tres a�os antes de los Domingu�n, que tanto le hab�an apoyado en sus comienzos, con un argumento que doli� a los inquilinos de la Calle del Pr�ncipe y de la c�lebre Cervecer�a Alemana, donde ten�an su cuartel general, de que en la Casa Camar� -sus nuevos apoderados- "busc� seriedad y administraci�n".

Luis Miguel Domingu�n y Antonio Ord��ez en una de las plazas en las que se midieron en 1959.ALMUZARA
La f�rtil imaginaci�n de Domingo Domingu�n, que fue uno de los grandes genios del mundo de los toros, logr�, despu�s de no pocos esfuerzos, convencer a Antonio Ord��ez de que aceptara en 1959 -con condiciones- que su carrera profesional volviese a ser gestionada por �l y su hermano Pepe Domingu�n, con el a�adido de ofrecerle alternar con su tambi�n cu�ado Luis Miguel Domingu�n, que era el mand�n del toreo.
La ya adjetivada imaginaci�n de Domingo y Pepe los llev� a insertar en la revista El Ruedo, a principios de la temporada de 1959 una doble p�gina, en la que, a la izquierda, hab�a una imagen de Luis Miguel citando retador a un toro; y a la derecha, la de Antonio Ord��ez en la misma actitud, citando a otro toro. Y por encima de ambas im�genes este titular, que era casi un eslogan. "En una �poca misma, dos figuras de �poca".

Hemingway junto a Antonio Ord��ez en el verano de 1959.ALMUZARA
Pero para que la rivalidad tuviera autenticidad y el eco mundial que tuvo se necesitaban dos ingredientes: uno, que la rivalidad fuera cierta, que se percibiera en el ruedo y que los aficionados y espectadores sintieran que este reencuentro entre los dos toreros, y entre los dos cu�ados, no era un "apa�o". Tambi�n, que no faltara que corriera la sangre, y �vaya si corri�!
El 30 de mayo, Ord��ez ca�a herido grave en el gl�teo en la plaza de toros de Aranjuez, neg�ndose en un gesto muy macho a ser conducido a la enfermer�a hasta que vio doblar al toro. El 30 de julio, era Luis Miguel el que era corneado muy grave en la ingle en la plaza de toros de Valencia; al d�a siguiente, 1 de agosto, fue Antonio Ord��ez el que sufr�a una cornada en el muslo derecho en la plaza de toros de Palma de Mallorca. El 2 de agosto, festividad de Nuestra Se�ora de los �ngeles, ambos toreros convalec�an de sus heridas en el Sanatorio Ruber, despu�s de haber sido curados por las sabias manos del Doctor Manuel Tamames.
Luis Miguel ocupaba una habitaci�n en el primer piso y Antonio Ord��ez en el tercero. Por la habitaci�n de Luis Miguel se vio a su esposa, Lucia Bos�, y a su madre, Do�a Gracia Lucas. Por la de Ord��ez, a su esposa Carmina Domingu�n, a su padre, Cayetano Ord��ez, Ni�o de la Palma, y a la encanecida cabellera y barba de un Premio Nobel, Ernest Hemingway, que desde el mes de mayo era el leal seguidor de esta rivalidad taurina, atra�do por la personalidad de Antonio Ord��ez.
Y este fue el ingrediente imprescindible para que una rivalidad de este car�cter alcanzara en unos meses trascendencia nacional e incluso mundial, gracias a que la pluma de Hemingway se manten�a a�n �vida de aventuras, como cuando se dedicaba a la caza del elefante o cuando se mor�a de terror en las trincheras de Gandesa o cruzando el r�o Ebro por Mora o de partir desde Bezas para recuperar Teruel. Ten�a Hemingway el encargo de escribir varios art�culos para la mundialmente divulgada revista Life y cada gota de sangre de ambos toreros llenaba el tintero con el que la Parker del escritor norteamericano lubricaba sus art�culos, que merecieron el t�tulo que dio la vuelta al mundo: El verano peligroso.
Para saber m�s
Porque despu�s de su convalecencia, los dos diestros torearon mano a mano el 14 de agosto en M�laga, en una corrida hist�rica y triunfal, y al d�a siguiente, con Hemingway a bordo, tomaron una avioneta para volar al encantador aeropuerto de Biarritz para torear en la plaza de toros de Bayona otro mano a mano c�lebre en cuyo patio de cuadrillas tanto los fot�grafos Cano como Cuevas inmortalizaron el descenso de la ranchera de Luis Miguel de un Hemingway desmejorado, aquejado de varios males silenciosos, elevados por el abuso de lo inconveniente.
Tres d�as despu�s, el reto fue en Ciudad Real, donde Ord��ez se impuso de forma rotunda en otro mano a mano. Pero faltaba llegar a Bilbao, y fue en la plaza de toros de arena negruzca donde el 21 de agosto termin� el verano peligroso, cuando un toro de la ganader�a portuguesa de Palha hiri� gravemente a Luis Miguel en la misma ingle de la cornada de Valencia.
Y mientras la seductora actriz norteamericana, Lauren Bacall hab�a pasado unos d�as en el Hotel du Palais de Biarritz ahogando en JB la p�rdida del gran Humphrey Bogart y refugi�ndose en el poderoso regazo del menor de la dinast�a Domingu�n, Ord��ez consegu�a un gran triunfo con el toro que hiri� a Luis Miguel, y Luis Miguel, derrotado en combate, optaba por dejar el campo libre a su cu�ado, aceptando la generosa invitaci�n del genial Pablo Picasso para que en la preciosa Villa La Californie en Cannes hiciera el reposo del guerrero con Luc�a Bos� y sus dos hijos, Miguel y Luc�a, y disfrutara del buen clima de la C�te d 'Azur, degustando las delicias del cercano restaurante La Colombe d 'Or. Meses despu�s, en noviembre de 1960, nacer�a Paola, bautizada as� en honor de Pablo Picasso.

Antonio Ord��ez visita a Luis Miguel Domingu�n en la enfermer�a de la plaza de Bilbao tras una dura cogida.ALMUZARA
La batalla hab�a dejado heridos de sangre y poco despu�s, el 23 de agosto, Ord��ez volv�a a a sufrir una cogida en la plaza de toros de Dax, vi�ndose obligado a descansar durante varios d�as. Hemingway aguant� en Espa�a a�n unas semanas refugi�ndose en la finca La C�nsula, en Churriana, M�laga, propiedad de su amigo Bill Davis. Y el verano tambi�n dej� heridas de plumas pues al conocerse en Espa�a los primeros art�culos publicados en 'Life' en el oto�o de 1960, se comprobaba que el deterioro f�sico de Hemingway hab�a afectado a su capacidad de s�ntesis y a la percepci�n de muchos detalles relevantes de la historia del toreo y de lo sucedido durante el verano que �l bautiz� dangereux y que aqu� elevamos con fundamento a categor�a de sangriento. El desd�n con el que trata el legado de Manolete y el desprecio que acredita del toreo tremendista que trajeron Litri, Pedr�s y Chicuelo II, adem�s del tono ir�nico con el que en ocasiones describe las actuaciones de Luis Miguel, que al conocerlas se atrevi� a decir -�bueno era �l para no decir lo que pensaba! -que "Hemingway era el Premio Nobel del Plan Marshall", criticando sus fundamentos taurinos.
Ord��ez gracias a Hemingway fue reconocido en el mundo entero como un torero excepcional, y es aqu� donde procede argumentar cu�nto debemos a Hemingway para que la proyecci�n internacional de Espa�a en ese a�o de 1959 y posteriores se sustentara en las generosas descripciones que el escritor hace de los vinos y quesos manchegos, de la belleza de los r�os navarros, como el Irati, de las perforadas carreteras de Despe�aperros, de los arroces de la Pepica en la playa de la Malvarrosa de Valencia, del enorme atractivo de comer en Madrid en El Callej�n de la Ternera, o de dejarse acariciar por la brisa de la C�nsula donde celebr� su sesenta cumplea�os, y lo que es m�s incre�ble, en la proyecci�n de los Sanfermines como el culmen de la aventura colectiva de unos ciudadanos que con gran valor y arrojo son capaces de correr cada ma�ana al amanecer delante de fieros toros recorriendo el inolvidable camino inici�tico de la Cuesta de Santo Domingo, la curva del Ayuntamiento, la calle Estafeta, el giro de Telef�nica y la bajada a la plaza de toros de Pamplona, reformada pocos a�os despu�s por el gran arquitecto Rafael Moneo.
Con raz�n, los pamplonicas erigieron en julio de 1968, delante de la Plaza de toros, un busto del escritor en granito y bronce donde se puede leer la leyenda: "Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura, amigo de este pueblo y admirador de sus fiestas que supo describir y propagar". Deber�a haber uno igual en muchas ciudades de Espa�a.
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