









PEDRO POZA MAUPAIN Aarhus (Dinamarca)
Actualizado
Como viene siendo habitual durante su segundo mandato, entre los bombásticos relatos que Donald Trump propaga y la realidad suele existir un trecho considerable. De ahí la satisfacción en los Gobiernos de Dinamarca y Groenlandia ante el acuerdo sobre la isla ártica anunciado por el presidente estadounidense en Truth Social, su red particular. Una satisfacción contenida, no obstante, dada la volatilidad que caracteriza a Trump. El acuerdo no está rubricado todavía, por lo que hasta que no se firme, en principio la semana que viene, existirá cierto temor a que el presidente republicano se eche atrás o exija nuevos cambios.
Aunque aún no se conocen los detalles, a grandes rasgos el acuerdo da manos libres a Washington respecto a su presencia militar en Groenlandia, lo cual no supone una gran novedad respecto a los tratados ya existentes, y garantiza al mismo tiempo la soberanía danesa y groenlandesa sobre la isla, descartando de este modo la ambición trumpista de llevar a cabo su anexión.
Trump asegura que EEUU obtendrá "un control permanente sobre la seguridad y el resto de sus necesidades en Groenlandia", con lo que sus Fuerzas Armadas iniciarán inmediatamente un proceso para desplegar "una gran presencia militar". Añade que el acuerdo garantiza que ningún país rival de EEUU podrá tener una base, presencia militar ni realizar "inversiones sensibles" en la isla sin el consentimiento escrito de Washington.
La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha indicado en un comunicado de prensa que está "contenta" ante la perspectiva de un "buen acuerdo". Frederiksen indica que reforzará la seguridad común en el Ártico y en el Atlántico Norte, por lo que "también es bueno para la OTAN y Europa". La líder socialdemócrata subraya que el acuerdo "reconoce la soberanía y la integridad territorial del Reino de Dinamarca, así como el derecho a la autodeterminación de los groenlandeses".
El primer ministro groenlandés, el liberal Jens Frederik Nielsen, ha expresado su satisfacción en el mismo comunicado: "Es motivo de alegría que vayamos a cerrar un acuerdo que garantice la seguridad para Groenlandia, el Reino de Dinamarca, EEUU y la alianza occidental. Reconoce nuestros intereses y nuestro lugar en la cooperación internacional. Es beneficioso para todos".
En general, los medios daneses consideran que, por mucho que Trump presente el acuerdo como un triunfo personal, en realidad supone más bien un éxito para Frederiksen. Destacan, sobre todo, que EEUU tenía ya desde hace décadas una libertad casi ilimitada para aumentar su presencia militar en la isla, así como que no se hace mención alguna a una eventual anexión de Groenlandia, actualmente un territorio autónomo bajo administración danesa.
Torsten Jansen, analista político de la cadena pública TV2, señala que "no parece que Trump haya obtenido más de lo que podría haber logrado dirigiéndose a Dinamarca y Groenlandia con calma y tranquilidad". Jansen apunta que Dinamarca y EEUU tienen desde 1951 un acuerdo de defensa que blinda la presencia militar estadounidense en la isla: "Pese a que Trump intente proclamarlo como una victoria, se trata, tal como yo lo veo, de una derrota espectacular para él. No se le permite poseer Groenlandia en este acuerdo, porque de lo contrario no habría habido acuerdo".
Peter Viggo Jakobsen, investigador del Instituto de Estrategia y Estudios de Guerra de la Academia de Defensa, estima que no parece que haya "muchas novedades" en el acuerdo: "EEUU ya contaba con amplias posibilidades de incrementar su presencia militar en Groenlandia a través del tratado de bases alcanzado con Dinamarca en los años 50. Por lo tanto, el anuncio de que aumentarán sus efectivos en la isla no significa necesariamente que ahora hayan obtenido más derechos".
Algunos medios daneses hablan de acuerdo "reciclado". Durante toda la crisis, el ministro de Exteriores danés, Lars Løkke Rasmussen, reiteró que EEUU llegó a tener 17 bases militares en Groenlandia durante la Guerra Fría y decidió unilateralmente reducirlas a una sola (Pituffik, en el noroeste), así como que el tratado de 1951 autorizaba ya una gran capacidad de maniobra para las Fuerzas Armadas estadounidenses, que llegaron incluso a almacenar bombas atómicas en la isla.
No obstante, Marc Jacobsen, director del Centro de Estudios de Seguridad Ártica de la Academia de Defensa, llama la atención sobre una novedad significativa en el anuncio de Trump: "Asegura que el nuevo acuerdo será para siempre, mientras que el acuerdo vigente de 1951, actualizado en 2004, se limita a decir que durará mientras exista la OTAN".
Kristian Mouritzen, analista internacional del diario Berlingske, advierte ante la posibilidad de que a Trump le surjan dudas de última hora que hagan naufragar el proceso: "Los pocos días que transcurrirán antes de que plasme su firma serán decisivos. Si siente que el acuerdo no se está comunicando en los medios estadounidenses de una manera con la que pueda estar satisfecho, todo podría irse al traste".
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