Fue abogada laborista, pero escribió una novela negra en su baja de maternidad y triunfó: millón y medio de copias acumula con su serie del Puerto Escondido. Ahora publica 'La cámara de las maravillas', un 'thriller' sobre un ladrón de guante blanco

Oruña, abogada y escritora, posa para EL MUNDO en Barcelona.Araba
Actualizado
- Para empezar el libro, una frase de Lupin. ¿Es una referencia o una trampa?
- Es un anuncio de que lo que vamos a ver es un juego, un juego de espejos, un juego literario. Pero en seguida escapo de Lupin y de Maurice Leblanc, su creador, porque, por muy romántico que sea, hace trampas. Es muy teatral, a veces soluciona una trama con un disfraz. Yo buscaba algo más creíble, más contemporáneo.
- Un ladrón de guante blanco siempre cae bien, haga lo que haga.
- A mí eso siempre me incomoda. Cuando leo novelas de ese tipo y el autor hace trampa, salgo de la historia. Además, el ladrón que presento aquí no es un Robin Hood: lo que gana es para su propio lucro. Aunque es verdad que aun así cae bien. ¿Por qué? Porque se está burlando de alguien que está en la punta de la pirámide. Porque va a incomodar.
- Si tuviera que escoger un ladrón de arte a lo largo de la historia sería...
- No he podido conocer a ninguno personalmente, pero he accedido a informes policiales, testimonios de ladrones que están en la cárcel, falsificadores que han escrito sus autobiografías... El que me hizo más gracia fue el Spiderman francés, que acabó entre rejas porque era incapaz de contenerse de decirle a la gente "fui yo". Lo decía un poco borracho en los bares y nadie le creía. Hasta que alguien le creyó y lo pillaron.
- Triunfó en la novela negra con la serie del Puerto Escondido. ¿Se arriesga al salir de ella?
- Entiendo que tienen que etiquetarme de alguna forma, pero yo no soy una escritora de novela negra. Cuando vi que en la faja de mi primera novela me llamaban "el nuevo descubrimiento de la novela negra" pensé: ¿Por qué de la novela negra? Si muere alguien durante la trama, ya está, ya es una novela negra. Yo escribo sencillamente lo que me sale. En mi escritura siempre hay una investigación, casi siempre hay un crimen que funciona como excusa y luego está lo que yo realmente quiero contar. En esta novela se abren debates sobre la belleza, la impunidad colonial a la hora de poseer arte. Aunque supongo que la etiqueta de novela negra me va a acompañar siempre.
- ¿Cómo una abogada se convierte en escritora?
- No fue premeditado. Nunca soñé con ser escritora, no tenía manuscritos guardados en mis cajones ni había hecho cursos de escritura. Simplemente, dispuse de tiempo y surgió. Estuve ejerciendo diez años como abogada, los últimos seis en un bufete internacional que me llevaba muchísimas horas y, al ser madre, me puse a escribir durante la baja. Al principio hice un ensayo sobre abogacía, pero luego pensé: ¿Y si hago algo más para divertirme? Escribí mi primera novela -La mano del arquero- solo por ver si era capaz, sin pensar en publicarla, y aquí estoy. Aunque estuve compatibilizando ambos trabajos durante tres años.
- ¿Queda algo de su oficio anterior en sus novelas?
- La precisión a la hora de utilizar las palabras. Los abogados tenemos que ser muy precisos y eso lo mantengo. Aunque hay cosas que he tenido que cambiar. Por ejemplo, el uso de gerundios, que los correctores odian y que yo he tenido que reducir muchísimo. O medir más la información. Antes de escribir me documento mucho, pero en una novela no puedes ir de listilla, debe quedar todo al servicio de la trama. Si la historia no pide que detalles algo, no lo hagas.
- ¿Utiliza la inteligencia artificial?
- No solo no la utilizo, sino que me parece lamentable que escritores profesionales la utilicen. Jamás una IA va a crear una novela como lo hago yo. A lo mejor a nivel técnico podría hacerlo, pero nunca va a tener mis vivencias, mi contexto, absolutamente nada. Y lo peor es que la gente no se da cuenta de que esa IA puede tener directrices ideológicas y políticas. Si le pides que resuma la vida de alguien, ¿quién te dice que la información es imparcial? Por favor, muévete tú, hazlo tú.
- Ha vendido millón y medio de copias. Una escritora 'superventas'. ¿Siente la presión del éxito al escribir?
- Si fuera así, seguiría escribiendo la serie que me lanzó o haría lo que me piden los lectores. Yo funciono por pálpitos, porque si me aburro al escribir o me repito, el lector se va a aburrir. Si yo me emociono, es la única fórmula para que él también lo haga. Y estoy hablando de un lector universal, de distintos países, distintas culturas. Tiene que haber un patrón que nos emocione a todos, a ellos y a mí.
- Pero... ¿Pide datos de ventas?
- Jamás lo he hecho. Ni siquiera entro en Goodreads para leer opiniones sobre mis novelas. Además lo importante no es siempre vender mucho. Hay libros que triunfan en las primeras semanas gracias a su promoción y luego se olvidan. Y hay libros que empiezan piano piano y luego son longseller. Eso me parece más interesante. Yo soy resultado del boca a oreja y todos mis libros, sin excepción, publicados desde 2015, se siguen reimprimiendo cada año. Eso tiene más valor.
- ¿Se imagina dejando de escribir?
- No sería un drama. Sería un drama no poder volver a leer, o no poder seguir investigando el mundo. Me gustaría poder seguir contando historias, si puedo. Pero si no, no pasaría nada. Vengo de estar diez años con la toga puesta, llevando asuntos muy serios de personas que se la estaban jugando. Como para preocuparme ahora por una novela. Esto no es picar en la mina ni de lejos. Soy muy afortunada.






















