











El buscador tradicional, con Google como mejor ejemplo, decae poco a poco ante el empuje de las consultas a la IA y los chatbots, capaces de estructurar mejor unos datos que no siempre son correctos.
Uno de los bastiones del tecno-dominio de Google se basa en la prevalencia absoluta de su buscador. Hasta hace bien poco, quien quería información recurría a esta herramienta como quien revisa el teléfono cuando suena. Era un acto reflejo que permitió a la compañía de Mountain View cimentar su riqueza e influjo en un mundo fuertemente digitalizado. La foto, sin embargo, se resquebraja sutilmente desde la popularización de los grandes modelos de lenguaje (LLM).
A mediados de 2025, Google mantenía una cuota del 89,6% en el mercado de los buscadores. Por primera vez desde 2015, el listón del rey induscutible de la categoría quedaba por debajo del 90% en lo que constituye un indicio claro de que algo ha mutado. A pesar de que la búsqueda a través de plataformas de IA y chatbots apenas representaba en junio del año pasado una cuota aproximada del 8%, el tráfico propiciado por estos medios repuntó un espectacular 721% durante 2025.
La tendencia es todavía más llamativa si se atiende a un estudio reciente de la estadounidense Semrush, empresa especializada en visibilidad online y marketing digital, donde se destaca que las plataformas de IA ya generan 45.000 millones de sesiones mensuales a nivel mundial, y que ChatGPT domina ese segmento absorbiendo el 89% de las búsquedas vía IA.
Mientras la organización dirigida por Sam Altman se consolida paso a paso como el Google de la inteligencia artificial, Google incorpora a su motor habitual de pesca de información un modo IA. En ambos casos (en todos los casos), el objetivo es el mismo: sustituir los clásicos listados de páginas webs por datos estructurados que faciliten la vida al usuario y le lleven más rápido a la clave que necesita.
Google intenta no dormirse en los laureles. En mayo de 2024 lanzó AI Overviews y en marzo de 2025 introdujo AI Mode, una experiencia de búsqueda conversacional directamente integrada en su motor. Los resultados financieros muestran que la estrategia tiene tracción: en el tercer trimestre de 2025, Alphabet reportó un crecimiento del 14,5% interanual en ingresos por búsqueda gracias a este ramillete de nuevos servicios.
No obstante, la ironía está ahí: las propias herramientas de IA de Google se han convertido en una amenaza para su modelo publicitario. Los ingresos de Google Network, incluyendo AdSense y AdMob, cayeron de 31.300 millones a 30.400 millones de dólares en 2024, con un descenso acumulado del 8% desde el máximo coronado dos años atrás.
Entre los expertos fragua un discurso que afirma que ambos estilos coexistirán: los LLM se ocuparán de lo complejo y las búsquedas más simples quedarán reservadas para aspectos más comerciales (entrar en la web de una marca de coches, por ejemplo) o de navegación directa (ver una serie en HBO).
Si el sesgo era la gran sospecha cuando uno investigaba a través de Google, la imprecisión sigue siendo el otro gran escollo de la IA como descubridor. Estudios publicados en revistas académicas como Frontiers in Artificial Intelligence o en la plataforma de artículos científicos arXiv estiman que incluso modelos avanzados como GPT-4 se equivocan un 5%-10% de las veces al elaborar respuestas sobre conocimiento general.
El problema estructural reside en la naturaleza probabilística de los LLM, diseñados para predecir la siguiente palabra más probable, no para verificar hechos. Modelos más grandes tienden a alucinar con mayor apariencia de precisión, un fenómeno que los investigadores describen como confident nonsense.
Por eso tienen tanto sentido los world models que promulga Yann LeCunn y que Enrique Dans reivindica en una entrevista concedida a Business Insider España: si la IA aprende no del mundo, sino de la percepción que los humanos tienen del mundo, los world models extraen sus conclusiones y lanzan sus vaticinios nutriéndose de una representación de la realidad donde la sensórica juega un papel fundamental.
Por otra parte, estos LLM capaces de desplazar poco a poco al buscador ortodoxo están diseñados, igual que las apps de citas, para retener al usuario cuanto más tiempo mejor, ofreciéndole siempre al final de una respuesta indagar aún más en este o aquel aspecto de la consulta. La fundación Open Worldwide Security Project conecta este truco con el lastre de la dependencia, pues cada vez son más las personas que confían ciegamente en los veredictos de la IA sin comprobar que son correctos, una conducta potencialmente peligrosas cuando se toman decisiones sobre salud, finanzas o asuntos legales.
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