
























El llanto constante de un bebé puede desbordar a cualquier madre. Estas frases pueden ayudarte a calmarte, regularte sin perder los nervios
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Hay un momento de la maternidad del que casi nadie habla de verdad. Ese instante en el que llevas una hora, dos o tres intentando calmar a tu bebé y el llanto empieza a atravesarte el cuerpo entero. Te duele la espalda y los brazos, aprietas la mandíbula, notas el corazón acelerado, no paras de pensar en todo lo que tienes que hacer... Y aunque quieres responder con calma, cariño y paciencia… sientes que estás a punto de explotar.
Nada te prepara para sostener el llanto de un bebé. No importa cuánto hayas leído durante el embarazo ni lo muchísimo que desees a tu hijo. Cuando llega ese momento, es normal sentirse desbordada. Y eso no te convierte en una mala madre.

Los bebés lloran porque es la única herramienta que tienen para decirnos que algo no va bien: tienen sueño, gases, hambre, necesidad de contacto, sobreestimulación o simplemente necesitan sentirse acompañados. Pero aunque racionalmente lo sepamos, emocionalmente puede ser muy difícil sostenerlo durante mucho tiempo.
Por eso muchas especialistas en regulación emocional y crianza respetuosa recomiendan tener pequeñas frases “ancla”: pensamientos sencillos que ayuden a volver al cuerpo, bajar un poco la alarma interna y responder desde un lugar más calmado.
No porque hagan desaparecer el llanto, sino porque te ayudan a no perderte a ti misma dentro de él.
Cuando el llanto se alarga, el cerebro adulto entra fácilmente en modo amenaza. A veces sentimos que algo va mal, que estamos fracasando o que no sabemos cuidar de nuestro hijo.
Pero recordar esto cambia mucho la perspectiva: tu bebé no está “portándose mal”. Está intentando decirte algo con las únicas herramientas que tiene ahora mismo. Pensar esta frase puede ayudarte a pasar del enfado a la conexión.

Muchas madres reconocen que, en los momentos de agotamiento extremo, aparece un pensamiento difícil de admitir: “¿Por qué no para ya?”. Incluso algunas sienten que el bebé parece “enfadado” con ellas o que está “poniéndolas a prueba”.
Pero un bebé no manipula ni castiga, ya que no tiene esa capacidad emocional ni cognitiva.
Su sistema nervioso es inmaduro y necesita ayuda externa para regularse. Cuando lloran de forma intensa, no están intentando hacerte daño, sino que están atravesando un momento que también les supera a ellos. Y recordar eso cambia completamente el tono con el que les miramos.
Los bebés, especialmente los más pequeños, no se regulan solo con palabras. Se corregulan con nosotros; con nuestra presencia, contacto, respiración, tono de voz y cuerpo. Por eso, cuando tú entras en modo supervivencia, calmarles se vuelve muchísimo más difícil.
A veces, antes de intentar volver a dormirle o de seguir meciéndole, necesitas parar unos segundos, respirar profundo y bajar un poco tu propia activación.
Y sí: si lo necesitas, puedes dejarle un momento en un lugar seguro, salir de la habitación unos segundos y coger aire. Eso también es cuidar (y cuidarte).
Las noches eternas y los llantos inconsolables tienen algo muy engañoso, porque te hacen sentir que nunca van a terminar.
Cuando llevas días durmiendo mal y sosteniendo mucho cansancio acumulado, el cerebro pierde perspectiva y todo parece infinito. Por eso puede ayudar repetir algo sencillo y realista: esto es una etapa. Durísima a veces, agotadora, pero pasajera. No estás atrapada aquí para siempre aunque ahora mismo lo parezca.

Hay un gesto muy simple que algunas madres utilizan para reconectar emocionalmente cuando sienten que están a punto de perder la paciencia: mirar las manos o los pies del bebé. Sus dedos diminutos, lo pequeño que es todavía, lo vulnerable que sigue siendo...
Ese gesto tan sencillo puede ayudarte a salir del enfado automático y volver, aunque sea un poco, a la ternura.
Las anteriores frases pueden ayudarte a ello, pero lo más valioso es que encuentres aquellas palabras que te transmiten más calma. No todas las frases funcionan igual para todas las personas. Hay madres a las que les calma recordar que el bebé no puede hacerlo de otra forma. Otras necesitan repetirse que están cansadas, pero que lo están haciendo bien. Algunas simplemente respiran y cuentan hasta diez.
Lo importante no es memorizar una frase perfecta, sino encontrar algo que te ayude a regularte antes de reaccionar desde el agotamiento.
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