






















Toma nota de estos consejos para que las situaciones conflictivas entre los pequeños no se desborden.
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El verano suele presentarse como un paréntesis para la familia. Padres e hijos pasan más tiempo juntos que el resto del año por las vacaciones. Y si bien tiene muchas ventajas, ya que permite fortalecer las relaciones interpersonales, también puede propiciar cierta tensión. Pasar de estar parte del día juntos a las 24/7 puede convertirse en un reto para todos.
Por ello, es habitual que en este momento del año, se multipliquen las discusiones, sobre todo entre hermanos. Aunque no sean conscientes de ello, sobre todo si son pequeños, varios factores lo explican. Repasamos algunos de los más comunes y cómo afrontarlo en palabras de expertos.
Aunque el verano suela percibirse como un momento de relajación y descanso para toda la familia, también puede ser un desafío por varios motivos. En estos meses, los niños son más irritables. Las altas temperaturas juegan en su contra: además de propiciar un peor descanso, puede provocar deshidratación, una pérdida de apetito y malestar general. Cabe destacar que su cuerpo regula la temperatura peor que el de los adultos.

A ello, se suma que el verano es un momento de cambio de rutinas. Los horarios se alteran, aunque sea levemente, por lo que puede resultar complicado de llevar para niños muy pequeños que necesitan estructura y pautas claras a diario.
Además, durante el verano aumenta el tiempo de convivencia en el hogar. En principio, es algo positivo, pero también puede dar lugar a más tensiones y pequeños conflictos entre los miembros de la familia. La falta de espacio individual y la convivencia continua pueden intensificar los roces y poner sobre la mesa diferencias que no son tan evidentes el resto del año. Por ello, resulta normal que los niños peleen más.
Los expertos del Centro Sanitario Multidisciplinar en Ceuta explican, a través de Instagram (@psicologiapequesymas), que resulta fundamental establecer reglas y límites y mantenerse firmes. Los niños deben entender que sus peleas no pueden ser una vía habitual de comunicación. Como padre o madre, es clave estar presente y acompañarles para que no se desborde la situación.
Asimismo, recuerdan que es fundamental enseñarles a comunicarse y ponerse en el lugar del otro. La empatía es clave y es un buen momento para que fomenten esta habilidad ya no solo entre hermanos, sino con el resto de las personas que les rodean. Además, puede resultar útil organizar actividades que les hagan cooperar. Es clave que sepan que pueden contar el uno con el otro y fomentar su confianza muta.

Además, los expertos aconsejan celebrar sus logros, aunque sean pequeños para que se sientan orgullosos. Reconocer sus avances cotidianos refuerza su autoestima y les ayuda a desarrollar una actitud más positiva ante todo.
También es importante que cada uno tenga su espacio y que tengan momentos a solas. Estar constantemente juntos provoca roces inevitables por lo que es importante pasar tiempo de calidad en familia pero también instantes de autonomía personal, de modo que la convivencia sea más saludable y respetuosa.
En todo caso, si las peleas se salen de todo control, es clave intervenir y consultar con profesionales. Las peleas son normales y habituales dentro de unos límites. Si son demasiado habituales, podrían ocultar un problema más profundo.
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