


















Ayudar a tu hijo a estudiar o repasar para un examen no tiene que acabar en discusiones. Sigue estos consejos tanto para primaria como secundaria.
Publicado por María Machado
Periodista especializada en parenting, infancia y crianza
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Cuando llegan los exámenes, muchas familias sienten que el ambiente en casa cambia por completo. Empiezan las prisas, los nervios y las discusiones por el tiempo de estudio, los deberes o las distracciones. Y aunque todos los padres quieren ayudar, no siempre resulta fácil saber cómo hacerlo sin generar más presión. Además de resultar agotador.
La clave está en entender que no todos los niños necesitan lo mismo. Un alumno de Primaria, que empieza a hacer sus primeros exámenes, todavía requiere mucho acompañamiento para organizarse y mantener la atención, mientras que un adolescente de Secundaria necesita más autonomía y herramientas para gestionar su propio estudio.
Estos consejos prácticos pueden ayudar mucho a que sepas cómo puedes ayudar a tu hijo a estudiar o repasar de una forma más efectiva y bastante menos estresante para toda la familia. Tu pequeño necesita que le enseñes a estudiar y a repasar para poder ir responsabilizándose y haciéndolo por sí mismo.
Muchos niños pequeños todavía no saben calcular cuánto tiempo necesitan para estudiar un tema. Por eso, es habitual que intenten repasarlo todo la tarde anterior al examen.
Sin embargo, el cerebro aprende mucho mejor cuando el contenido se trabaja poco a poco durante varios días.
En Primaria suele funcionar especialmente bien estudiar en bloques cortos de 15 o 20 minutos como máximo, con descansos pequeños entre medias. Por eso, tu tarea como padre es ir guiando a tu hijo y procurar que mantenga la atención el tiempo que pueda. Recuerda, sin embargo, que la concentración también se va practicando, por lo que no puedes pretender que un niño muy pequeño sea capaz de estar largos ratos sin levantar la cara del libro.

A muchos niños les cuesta mantener la concentración cuando solo leen el libro una y otra vez. Por eso, cuanto más participativo sea el repaso, más fácil resulta que aprendan.
Algunas ideas muy útiles son:
Cuando el aprendizaje incorpora juego y participación activa, la motivación suele aumentar mucho. Por eso, enséñale a que, cuando estudie él solo, también incorpore estos elementos más divertidos para ayudarle a fijar los conceptos.
Muchos niños llegan agotados mentalmente después de toda la mañana en clase. Pretender que se sienten inmediatamente a repasar suele acabar en enfados y desconcentración.
Normalmente funciona mejor dejar primero un rato para merendar, jugar o descansar antes de empezar con el estudio.

Hay niños que conocen perfectamente el tema en casa y luego se bloquean durante el examen por ansiedad.
Por eso conviene evitar comentarios como “más te vale aprobar” o “si suspendes será porque no has estudiado”. La presión excesiva suele empeorar el rendimiento.
En cambio, ayudan mucho más frases que transmiten calma y seguridad como “Las notas no definen tu valor”, “Vamos poco a poco”, “Equivocarse también sirve para aprender”.
En la ESO, muchos adolescentes ya no necesitan que sus padres les expliquen el contenido, pero sí apoyo para planificar el tiempo.
Por eso suele ser más útil ayudarles a organizar la semana que repetir constantemente “ponte a estudiar”. Ten en cuenta que, para que ellos adquieran esa importante habilidad, debes enseñarles herramientas y recursos. Ahí es donde empieza tu trabajo.
Dedicar unos minutos a revisar juntos fechas de exámenes, trabajos y tareas pendientes puede reducir muchísimo el estrés y evitar los atracones de última hora.
Muchos adolescentes creen que estudiar consiste únicamente en releer apuntes, pero las técnicas activas ayudan mucho más a comprender.
Por ejemplo:
Estas herramientas son especialmente importantes en Secundaria, cuando el volumen de contenido a estudiar empieza a aumentar bastante. Enseña a tu hijo adolescente estas estrategias para que pueda usarlas él solo.
El móvil suele ser uno de los grandes focos de conflicto durante la adolescencia, pero prohibirlo completamente no siempre funciona. Cuando estar con el móvil hace que pierda tiempo de estudio, los enfados y la tensión en casa suele aumentar.
A muchos adolescentes les ayuda más aprender a gestionarlo poco a poco. Por ejemplo, una estrategia útil podría ser dejarlo fuera de la habitación para estudiar sin distracciones y echar un vistazo corto durante algunos descansos.
La idea no es vigilar constantemente, sino ayudarles a desarrollar autocontrol.

Muchos adolescentes intentan dormir menos para estudiar más antes de un examen. Sin embargo, el descanso es fundamental para consolidar la memoria y mantener la concentración.
Un cerebro cansado estudia peor, se distrae más y tolera mucho menos la frustración. Por eso, descansar bien también forma parte del aprendizaje.
Algunos estudios sobre aprendizaje y gamificación muestran que convertir el repaso en un juego puede aumentar mucho la motivación y la disposición de los estudiantes.
Una idea sencilla, propuesta por el trabajo de Angulo Mendoza et al. (2025) consiste en transformar el repaso y el estudio en un juego estilo ¿Quién quiere ser millonario? Los padres preparan preguntas sobre el tema con cuatro posibles respuestas y el niño o adolescente va avanzando niveles cada vez que acierta.
Además de hacer el estudio mucho más entretenido, este sistema tiene otra ventaja importante: obliga al cerebro a recuperar activamente la información, algo mucho más eficaz que limitarse a releer apuntes.
Incluso se pueden añadir comodines, pequeños premios simbólicos o jugar en familia para reducir la tensión típica de los días de examen.
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