























Si tienes una mesa, una silla o un espacio sin color, los azulejos pueden ser tu salvación.
Publicado por Paula Manso
Periodista especializada en gastronomía, lifestyle y actualidad
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Hace unas semanas que pienso en la idea de añadir color al salón sin gastarme demasiado dinero. Aunque este año la tendencia con inspiración marina es la que más veremos en verano, puedes hacer una forma más fácil de alegrar la casa con muebles que ya tienes. La idea es muy sencilla: pegar teselas y azulejos para añadir ese estilo Bahaus o un aire gaudiniano que alegra la vista.
La mayoría de los proyectos de este tipo parten de muebles simples y económicos. Mesas auxiliares, cómodas antiguas, taburetes olvidados, muebles de melamina o incluso estructuras encontradas en Wallapop pueden convertirse en auténticos protagonistas de una estancia. De hecho, cuanto más sencillo es el mueble original, mejor suele funcionar el resultado final. Las líneas rectas y las superficies lisas facilitan la colocación de las teselas y ayudan a conseguir un acabado limpio, moderno y muy visual.

Una de las razones por las que esta tendencia se ha popularizado tanto en Pinterest, TikTok e Instagram es precisamente su bajo coste. Un proyecto pequeño puede realizarse por menos de 40 o 50 euros si reutilizamos un mueble que ya tenemos en casa. Incluso comprando una mesa auxiliar barata y todos los materiales nuevos, el precio sigue siendo mucho más bajo que el de cualquier pieza artesanal de diseño.
Pero el éxito de esta tendencia no tiene que ver únicamente con el ahorro. También influye el enorme impacto visual que generan las superficies revestidas de pequeñas piezas cerámicas. Las teselas aportan textura, brillo y profundidad, consiguiendo que muebles muy básicos parezcan piezas salidas de una tienda de interiorismo contemporáneo. Además, el acabado artesanal hace que cada objeto sea único y tenga una presencia mucho más especial dentro de la casa.

El material más utilizado para este tipo de proyectos son las pequeñas baldosas cuadradas de cerámica o gres porcelánico. Suelen venderse en mallas flexibles que facilitan muchísimo el trabajo, especialmente para quienes nunca han hecho bricolaje. También es habitual utilizar mosaicos vítreos, azulejos hidráulicos o restos de piezas rotas para crear composiciones inspiradas en el trencadís de Gaudí.
Muchas personas aprovechan sobrantes de obras o azulejos descatalogados, lo que permite reducir todavía más el presupuesto. Esa mezcla de materiales y acabados imperfectos es precisamente parte del encanto de esta tendencia, que apuesta por un estilo mucho más artesanal y menos industrial.
Además de las teselas, únicamente se necesitan algunos materiales básicos como adhesivo para cerámica, una espátula dentada, junta para azulejos, una esponja húmeda y una lija fina para preparar la superficie del mueble.

Si es la primera vez que se realiza un proyecto de este tipo, lo más recomendable es empezar con muebles pequeños y fáciles de manejar. Las mesas auxiliares suelen ser la mejor opción porque tienen pocas superficies y requieren menos cantidad de material. También funcionan muy bien las mesillas de noche, los taburetes o las consolas sencillas.
En cambio, conviene evitar al principio muebles con demasiadas curvas, molduras o detalles complejos, ya que colocar las teselas sobre superficies irregulares requiere más experiencia y paciencia.
El proceso es mucho más sencillo de lo que parece. Lo primero es preparar bien la superficie. Si el mueble tiene barnices brillantes o pintura satinada, lo ideal es lijarlo ligeramente para mejorar la adherencia del pegamento. Después se limpia cuidadosamente el polvo antes de empezar.
Una vez preparada la estructura, llega el momento de decidir el diseño. Algunas personas prefieren cubrir completamente el mueble con un único tipo de baldosa para conseguir un resultado minimalista y contemporáneo. Otras optan por mezclar colores, patrones y geometrías para crear un efecto más artístico y llamativo.
El adhesivo para cerámica se aplica con una espátula dentada y las teselas se van colocando poco a poco sobre la superficie. Cuando las piezas vienen en malla, el trabajo resulta mucho más rápido y uniforme. Después hay que dejar secar correctamente antes de aplicar la junta que rellena los espacios entre las piezas.
Este último paso cambia completamente el aspecto del mueble. Las juntas blancas suelen aportar un aire mediterráneo y luminoso, mientras que las oscuras crean un efecto más gráfico y contemporáneo. Tras limpiar el exceso de material con una esponja húmeda, el resultado final empieza a parecer un auténtico mueble de diseño.

Más allá de la estética, parte del éxito de esta tendencia está en su capacidad para transformar objetos humildes en piezas con muchísima personalidad. Un mueble barato puede adquirir un aspecto escultórico simplemente gracias a la textura de la cerámica y al trabajo manual.
Además, también es una forma mucho más sostenible de decorar. En lugar de tirar muebles antiguos o comprar constantemente piezas nuevas, se reutilizan estructuras ya existentes y se les da una segunda vida. Esta filosofía conecta perfectamente con la tendencia actual hacia interiores más personales, menos industriales y llenos de objetos con apariencia artesanal.
Las posibilidades son prácticamente infinitas. Los azulejos blancos pequeños crean ambientes minimalistas y de inspiración nórdica, mientras que los mosaicos azules y verdes recuerdan inmediatamente a las casas mediterráneas. El trencadís inspirado en Gaudí aporta un efecto mucho más artístico y orgánico, y las composiciones geométricas con colores intensos funcionan especialmente bien en interiores retro o de estilo Memphis.
Lo mejor de esta tendencia es que no exige perfección. De hecho, las pequeñas irregularidades y las imperfecciones forman parte de su encanto. Ese acabado artesanal, ligeramente imperfecto y hecho a mano es precisamente lo que convierte cada pieza en algo único.
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