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Las ballenas azules regresan al Atlántico sur más de 40 a...
Christian Pérez · 2026-05-27 · via Muy Interesante

Un nuevo estudio revela un aumento inesperado de avistamientos de ballenas azules y rorcuales comunes frente a Namibia y Sudáfrica, una región que fue devastada por la caza industrial durante el siglo XX.

Científicos detectan señales de recuperación de algunas de las especies marinas más amenazadas del planeta
Científicos detectan señales de recuperación de algunas de las especies marinas más amenazadas del planeta. Foto: Istock/Christian Pérez

Christian Pérez

Redactor especializado en divulgación científica e histórica

Creado: Actualizado:

Durante décadas, el silencio dominó buena parte del Atlántico sudoriental. Allí donde antiguamente navegaban algunas de las criaturas más grandes que han existido jamás, apenas quedaban rastros de su presencia. Las ballenas azules y los rorcuales comunes, perseguidos de forma intensiva durante la era de la caza comercial, prácticamente desaparecieron de las aguas frente a Namibia y Sudáfrica. Ahora, más de cuarenta años después del final oficial de la caza industrial de ballenas, los científicos empiezan a detectar algo que hasta hace poco parecía improbable: su regreso.

Un estudio publicado recientemente en la revista African Journal of Marine Science ha recopilado más de seis décadas de registros de avistamientos y varamientos de ballenas en la región del ecosistema de la corriente de Benguela, una de las zonas marinas más productivas del planeta. Tal y como indica la investigación, el 95% de todos los registros confirmados de estas especies se han producido desde 2012, un dato que los expertos interpretan como una posible señal de recuperación de las poblaciones.

Los investigadores analizaron datos comprendidos entre 1964 y marzo de 2025 y centraron su atención en dos gigantes marinos especialmente castigados por la industria ballenera: la ballena azul antártica (Balaenoptera musculus intermedia) y el rorcual común del hemisferio sur (Balaenoptera physalus quoyi). Los resultados muestran una presencia todavía escasa, pero claramente mayor que en décadas anteriores.

La recuperación, sin embargo, está lejos de ser completa. Antes del auge de la caza comercial, las aguas antárticas albergaban enormes poblaciones de estos cetáceos. Entre 1913 y 1978 fueron abatidas unas 350.000 ballenas azules y alrededor de 725.000 rorcuales comunes. El impacto fue devastador. Las ballenas azules antárticas quedaron reducidas a apenas un 3% de su población original, según estimaciones recogidas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Un océano que vuelve a llenarse de gigantes

La corriente de Benguela, que recorre las costas occidentales del sur de África, es una gigantesca autopista biológica. Sus aguas frías y ricas en nutrientes favorecen explosiones de krill y pequeños peces, alimento esencial para numerosas especies marinas. Durante décadas, los científicos sospecharon que esta región pudo haber sido un importante corredor migratorio e incluso una zona de cría para grandes ballenas.

Tal y como ha revelado el nuevo estudio, los datos históricos de la industria ballenera ya apuntaban en esa dirección. En los antiguos registros de estaciones balleneras de Walvis Bay y Saldanha Bay aparecían ejemplares juveniles e incluso parejas de madre y cría. Ahora, los nuevos avistamientos parecen reforzar esa hipótesis.

Los investigadores documentaron 12 avistamientos de ballenas azules y un varamiento confirmado, además de cinco registros científicos previos publicados desde comienzos de siglo. En el caso de los rorcuales comunes, el número fue considerablemente mayor: 76 avistamientos y seis varamientos.

Un rorcual común fotografiado frente a la costa de Lüderitz en 2014, con el paisaje desértico de Namibia y el faro de Shark Island al fondo
Un rorcual común fotografiado frente a la costa de Lüderitz en 2014, con el paisaje desértico de Namibia y el faro de Shark Island al fondo. Foto: Sara Golaski

Aunque las cifras puedan parecer pequeñas, el contexto es fundamental. Entre 1973 y 2014 apenas se habían registrado cuatro observaciones de ballenas azules y dos de rorcuales comunes en toda esta región del Atlántico sudoriental. El cambio en la frecuencia de los encuentros resulta, por tanto, significativo.

La mayoría de las observaciones de ballenas azules se concentraron entre primavera y otoño austral, especialmente entre octubre y diciembre. Los rorcuales comunes, en cambio, aparecieron prácticamente durante todo el año. Esto sugiere que las dinámicas migratorias de ambas especies podrían ser diferentes y más complejas de lo que se pensaba hasta ahora.

Hace apenas unas décadas, ver una ballena azul en estas aguas era algo extraordinario; hoy los científicos empiezan a detectar señales de su regreso.

La ciencia detrás de los nuevos avistamientos

Parte de este aumento podría explicarse por una mayor presencia de observadores marinos en alta mar. Durante los últimos años se han multiplicado las campañas sísmicas y las exploraciones vinculadas a la industria petrolera y gasística frente a las costas africanas, lo que ha incrementado también el número de especialistas embarcados dedicados a detectar fauna marina.

Los autores del estudio reconocen este posible sesgo. Sin embargo, consideran que el incremento de registros encaja con la lenta recuperación que llevan décadas mostrando estas especies desde la prohibición global de la caza comercial.

Las poblaciones de rorcuales comunes parecen estar recuperándose con mayor rapidez. Actualmente están catalogados como “vulnerables”, y algunas estimaciones sugieren que ya podrían haber alcanzado más del 30% de sus niveles históricos. Las ballenas azules antárticas, por el contrario, siguen siendo consideradas “en peligro crítico”.

El trabajo también aporta pistas interesantes sobre el comportamiento de estos cetáceos en el Atlántico sur. Algunos ejemplares fueron observados alimentándose en aguas namibias, mientras que otros aparecieron integrados en grupos mixtos junto a rorcuales sei y otras especies de grandes ballenas. Los investigadores creen que ciertas áreas profundas frente a Namibia y Sudáfrica podrían estar recuperando su papel histórico como zonas de alimentación.

Uno de los hallazgos más llamativos fue la presencia de crías en varios avistamientos. En Namibia, una cuarta parte de las observaciones de ballenas azules incluían ejemplares jóvenes de menos de diez metros. Para los científicos, esto podría indicar que el ecosistema de Benguela sigue funcionando como área de reproducción o crianza.

Mapa con los avistamientos y varamientos confirmados de ballenas azules antárticas y rorcuales comunes australes registrados frente a las costas de Namibia y Sudáfrica entre 1964 y 2025
Mapa con los avistamientos y varamientos confirmados de ballenas azules antárticas y rorcuales comunes australes registrados frente a las costas de Namibia y Sudáfrica entre 1964 y 2025. Fuente: African Journal of Marine Science (2026)

El 95% de los registros recopilados por los investigadores se produjeron después de 2012, un dato que apunta a una lenta recuperación.

El peligro no ha desaparecido

La imagen de grandes ballenas regresando lentamente a aguas donde casi habían desaparecido resulta esperanzadora, pero el escenario actual dista mucho de ser seguro para ellas. El océano moderno presenta amenazas muy distintas a las de hace un siglo.

Las colisiones con barcos son hoy uno de los principales riesgos para los grandes cetáceos. Tal y como recoge el estudio, las aguas de Namibia y Sudáfrica figuran ya entre las zonas con mayor riesgo de impacto con embarcaciones para ballenas azules y rorcuales comunes. El crecimiento del tráfico marítimo, asociado a la expansión de puertos y rutas comerciales, aumenta año tras año la presión sobre estas especies.

Los científicos recuerdan que ya se ha documentado la probable muerte de una ballena azul por choque con un barco en Namibia. Además, decenas de grandes ballenas han aparecido varadas en Sudáfrica durante las últimas décadas con lesiones compatibles con impactos de embarcaciones.

A esto se suman otros problemas cada vez más importantes: contaminación acústica causada por prospecciones sísmicas, enredos en artes de pesca, calentamiento oceánico y alteraciones en la disponibilidad de krill. Algunos ejemplares observados recientemente mostraban signos de desnutrición, algo que podría estar relacionado con cambios en los ecosistemas marinos o con una competencia creciente por los recursos alimentarios.

Los investigadores advierten de que recuperar poblaciones tan reducidas puede llevar muchas décadas más. Las ballenas azules, por ejemplo, tienen ciclos reproductivos lentos y necesitan enormes cantidades de alimento para sobrevivir. Incluso un pequeño aumento en la mortalidad causada por actividades humanas puede afectar seriamente a su recuperación.

La presencia de grandes cetáceos en el Atlántico sudoriental vuelve a aumentar tras décadas marcadas por la caza industrial
La presencia de grandes cetáceos en el Atlántico sudoriental vuelve a aumentar tras décadas marcadas por la caza industrial. Foto: Istock

Aunque los avistamientos aumentan, las ballenas siguen enfrentándose a amenazas como los choques con barcos y la contaminación acústica.

Un regreso todavía frágil

Durante buena parte del siglo XX, ver una ballena azul en estas aguas se convirtió en algo casi imposible. La sobreexplotación industrial había vaciado enormes regiones oceánicas de sus habitantes más emblemáticos. Por eso, cada nuevo avistamiento tiene hoy un valor especial para la ciencia.

Los investigadores defienden que el Atlántico sudoriental necesita más monitoreo acústico, más observadores especializados y mejores planes de protección marítima para comprender realmente cómo están evolucionando estas poblaciones. Buena parte de la vida de estos animales sigue siendo un misterio: sus rutas exactas, sus zonas de cría y la forma en que utilizan las aguas africanas continúan siendo preguntas abiertas.

Aun así, los datos recopilados dibujan una escena impensable hace apenas unas décadas. Poco a poco, algunas de las criaturas más grandes de la historia de la Tierra parecen estar regresando a un océano que durante mucho tiempo quedó vacío de sus cantos.

Referencias

  • Recent increased presence of blue (Balaenoptera musculus) and fin whales (Balaenoptera physalus) in the Southeast Atlantic: Evidence for recovery?, African Journal of Marine Science (2026). DOI: 10.2989/1814232X.2026.2626591