























El SoFi Stadium de Inglewood se vistió con los colores y la pasión de la diáspora. En un ambiente cargado de un fuerte simbolismo –evidenciado por la sonora pitada al himno del régimen iraní antes del pitido inicial–, Bélgica e Irán saltaron al césped sabiendo ... que sus empates en la primera jornada no dejaban margen para el error. El seleccionador belga, Rudi García, movió ficha de inicio: dejó a Onana en el banquillo y apostó por Nicolas Raskin para dotar al centro del campo de esa fluidez que tanto exigía la crítica tras el partido ante eqipto. Sin la verticalidad de Doku, baja de última hora, los Diablos Rojos salieron con el colmillo afilado, buscando presionar muy arriba para disipar cuanto antes los fantasmas de su estreno.
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