

















La última aparición del maestro Zubin Mehta en España fue hace dos meses, en el mes de febrero. Llegaba sigilosamente a la sala de ensayo del Teatro Real, donde le esperaba la West-Eastern Divan Orchestra, el conjunto de su gran amigo Daniel Barenboim. Su ... mano señala un lugar a la orquesta: el infinito. Su cuerpo está desgastado y sus manos ajadas por una sola razón: la música. Cuando uno pone el cuerpo y el alma al servicio de este don, la vida se resiente. Pero qué vida. «Es una figura legendaria, una de esas personalidades que han marcado la historia de la música. Su magnetismo en el podio y su manera de hacer música con tanta naturalidad y grandeza lo convierten en un referente absoluto», confiesa María Dueñas, que participó en el homenaje que Ibermúsica hizo ese mes en el Auditorio Nacional. Cuando era niña en Granada y comenzaba con el violín, solía ver una y otra vez los videos del maestro junto a Jacqueline du Pré, Itzhak Perlman, Daniel Barenboim y Pinchas Zukerman interpretando el quinteto de Schubert. «Aquellas grabaciones eran para mí una ventana a otro mundo: el de la entrega total a la música, el valor de la amistad, un diálogo perfecto entre intérpretes que se entienden sin palabras», aseguraba.
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