

























Quiso el cielo que se mezclara la primavera con el verano, la mañana con la tarde y Madrid con Sevilla, para convertir lo que quedaba dentro de la M-30 en Alameda de la Sagra, que está a en el corazón de Toledo y de ... la historia. Y así, por arte de magia, un día cualquiera se fue convirtiendo en feria grande y la casa de ABC en un coso de primera. Lleno de 'no hay billetes' en la gala del XVII Premio Taurino, que contó con el patrocinio de la Comunidad de Madrid y de Caja Rural de Zamora y la colaboración de Señorío de Montanera y Muga, con el terrazo mutando en albero y la cadencia átona de los miércoles en alegría en grado de tentativa. Esa alegría terminó por estallar como estallan las cosas verdaderas, que, por supuesto, es sin estallar, cambiando el fulgor de la pirotecnia por la madurez de los sentimientos hondos y el agradecimiento profundo. Y todo para reconocer la trayectoria insuperable de la familia Lozano, saga de gigantes de la fiesta y rompeolas de todo lo taurino: empresarios, apoderados y ganaderos; toreros, hacedores de figuras y defensores de un mundo antiguo que, si hoy vuelve a ser vanguardia, se debe al esfuerzo inconmensurable de quienes, como ellos, han dedicado su vida a defenderlo.
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