























En política, el hábito no hace al monje, ni la licenciatura hace al profesional clínico. Así sucede en el caso de la candidata del PSOE a presidir la Junta de Andalucía, María Jesús Montero, que ha construido una narrativa de mujer «de bata blanca», una ... servidora pública que ganó una plaza «de médico» con 28 años en unas oposiciones, cuando la realidad es otra muy diferente: la que fuera hasta hace un mes vicepresidenta primera y ministra de Hacienda en el Gobierno de Pedro Sánchez no es facultativa ni personal sanitario del Servicio Andaluz de Salud (SAS). Montero pertenece realmente al «Grupo Técnico de Función Administrativa del Estatuto de Personal No Sanitario», un puesto de gestión pura que consiguió tras superar unas pruebas selectivas en el SAS y que está centrado en la organización de servicios, presupuestos o contratación. El contacto directo con el paciente es inexistente, hasta el punto de que para optar a esta plaza técnica no era necesaria la titulación de Medicina con la que cuenta Montero, ya que podía aspirar cualquier licenciado universitario, ingeniero o arquitecto.
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