

























Llovía como aquel Dos de Mayo de hace treinta años, como aquella histórica goyesca de 1996 en la que Joselito se encerró con seis toros. Como aquella tarde, paró el agua antes del paseíllo, aunque las tormentas habían dejado huella en el ruedo, colmado ... de pisadas desde que sonó el Himno Nacional entre ¡vivas! a España, con Isabel Díaz Ayuso y la Infanta Elena en un burladero y con ambientazo en los tendidos, prácticamente llenos. Nadie se aburrió en una interesantísima corrida del Pilar, con teclas y bastante que torear, con toros buenos a los que colgaban las orejas. Ninguna se cortaría por h o por b, por falta de acople total o por el desatinado acero. Al infierno de los sótanos se le fue la espada a Javier Cortés después de cuajar muletazos de categoría, de asiento, pecho ofrecido, cintura rota y encaje. Y, cómo no, El Cid empañó con la tizona el clasicismo de sus naturales en su reencuentro con Madrid.
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