




















En el día de las letras gallegas, le tocaba a la afición del Atlético y al Metropolitano entregarse a la morriña, 'á saudade', pues nunca más verían corretear por su verde césped a un jugador único, genio absoluto, un tal Antoine Griezmann, que llegó y ... se fue del recinto entre lágrimas. El francés, máximo goleador de la historia del equipo con 212 dianas y con los 35 años ya cumplidos, aseguró el pasado marzo que, al finalizar la actual temporada, cruzaría el Atlántico para unirse al Orlando City estadounidense en busca de un alegre retiro. Y, tras meses de esquivar la realidad, toda la parroquia rojiblanca fue obligada a bajarse en una triste parada y decir adiós a un ídolo como no hay dos en la historia del club.
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