

























Madrid tiene en estas noches de verano la manía de esperar a que caiga el sol. Como si durante el día las personas funcionáramos por obligaciones y compromisos, tratando de sobrevivir y guardando nuestro momento más especial para los nuestros. Es una realidad que nos ... pasa a los gatos. Durante el día, la ciudad se repliega tras las persianas, los ventiladores encendidos y nuestras calles sufren abrasadas por un calor que parece inmovilizarlo todo. Pero cuando la luz comienza a desvanecerse y la temperatura concede una tregua, sucede algo que iguala a todos los barrios, sin importar su geografía ni su renta, su historia o su apellido. La noche de verano sale a la calle.
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