


























En el redondel de Sevilla permanecía la huella de la belleza de Morante en su resurrección abrileña, pero más honda se hacía la de la inquietud por su cornada. Porque cuando el dios del arte sangra, sangra todo el toreo. Tanto se abandona que ... ha perdido el respeto a los toros, y no es crítica, sino alabanza: torear así, desnudo de precauciones, solo está al alcance de quienes han sido tocados por la varita de un valor aquilatado, casi sobrehumano. Pero Clandestino nos recordó que los toros no perdonan y que se cobran al contado con heridas que duelen, con veredas oscuras. Se preguntaban en el tendido cuándo reaparecería el maestro: habrá que esperar... Verlo el 4 de junio es el sueño de la corrida del Corpus, el sueño de su Sevilla.
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