


























España, y no sé si es o no una condena, resulta casi siempre un país de extremos. Lo hemos visto con la selección. El equipo te pasa de cero a goleada en menos de un parpadeo, digo en un partido del Mundial. En el PSOE, ... igual. El Gobierno que vino a acabar con ella y el Gobierno socialista más impoluto de la misma, hermanos ambos, han pasado de cero condenas por corrupción a goleada en menos de lo que canta un gallo, digo en una sentencia. Pulverizar récords es lo que se lleva. Sucede, por ello, que el del caso Mascarillas no es sólo un fallo judicial. Es, también, una advertencia. En realidad, tres en una. En primer lugar, al electorado. El PSOE ostenta, desde el inicio de esta semana, el récord de años de condena a cárcel de un ministro. José Luis Ábalos, 24 años y medio de cárcel. ¿Que debería decir exministro, que es pasado? Vale, pero se le condena por la corrupción -organización criminal, cohecho, malversación...- en el ejercicio de un Gobierno que ahí sigue. No diremos gobernando porque para eso hay que disponer de Presupuestos.
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