























El encuentro se encaminaba hacia la prórroga, con el Madrid resistiendo en bloque bajo el lento transitar del Bayern, que buscaba un gol esquivo, casi quimérico. Los blancos habían superado lo más difícil y la posibilidad de dar la campanada en tierras bávaras era más ... que factible. Pero todo se truncó en una jugada tonta. Tontísima. Absurda.
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