























Liu, la esclava secretamente enamorada del príncipe Calaf, ha muerto tras cantar su frase final: «...Per non vederlo piu!» La orquesta prosigue pero se ahoga dos compases después. Arturo Toscanini, que dirige la función, toma del atril la partitura, se vuelve y se la ... muestra al público. «Aquí termina la obra -dice solemnemente-, porque en este punto el maestro murió». «El teatro entero quedó suspendido en un silencio profundo, como si la obra hubiese encontrado allí su límite natural», relató Gaetano Cesari en el 'Corriere della sera' al día siguiente. «Viva Puccini!», gritó un espectador y todo el teatro le secundó en medio de aplausos emocionados.
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