


























Se hizo de noche en La Guaira poco después del terremoto. El sol se acostó sobre una cama de escombros, de gritos de socorro y de cristales rotos, y al cierre de esta columna, parece que aún no se ha hecho de día. Damos ... por descontado que siempre amanece, pero no deberíamos confiarnos demasiado. En la colección de mariposas del horror que me llevaré a la tumba hay una que clavo con este último alfiler: ese instante en que, alrededor de un edificio derrumbado, alguien manda callar a todos por si bajo el hormigón responde una voz.
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