

























Corea del Norte ha cambiado, aunque solo para seguir igual. Su reciente reforma constitucional ha redefinido tanto el territorio, abandonando su pretendida unificación con el Sur, como el título de Kim Jong-un, sobre el papel ya no un «líder supremo» sino un «jefe ... de Estado». Ambas modificaciones manifiestan la voluntad de normalizar la estructura del régimen y su relación con el mundo desde su privilegiada posición geopolítica actual. Una nueva Corea del Norte a la medida de Kim, en definitiva, y por ello idéntica en lo esencial a la anterior.
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