



























Me cuentan mis amigos madridistas que su siguiente intriga es el nivel de decibelios de la próxima pitada de la afición en el Bernabéu. Así es el fútbol, pero a mí me viene a la cabeza una frase, atribuida a R. L. Stevenson: «Quiéreme ... cuando menos me lo merezca, porque será cuando más lo necesite». No hay que dejar nunca solo al perdedor porque el ganador lo tiene todo pero, al vencido ¿qué le queda sino el calor de los suyos? Y, sin embargo, me permito dudar, como los merengues, si un club como el Madrid merece de su cariño –o el de nadie– en estos momentos.
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