






















Eduardo Alfonso tiene las palmas en carne viva y la cara cubierta de un polvo grisáceo que se le mete en los ojos cada vez que parpadea. Es paramédico de la brigada Ángeles de la Autopista, pero esta noche la emergencia no es en una carretera ... . Está de rodillas frente a lo que queda del edificio Rita, en San Bernardino, escarbando con las manos entre bloques de concreto porque no tiene otra cosa. El olor es lo que más cuesta describir: cemento triturado, humedad de tuberías reventadas y algo metálico que se queda pegado al paladar.
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