





















Durante siglos, ciencia y filosofía han estado de acuerdo con una idea que parecía inamovible: el ser humano es el único ser sobre la Tierra que posee el don de la autoconciencia. Una frontera que nos separa del resto de las criaturas vivientes. Siempre nos ... ha gustado pensar en los animales como en una suerte de 'autómatas biológicos', seres que reaccionan por puro instinto pero que son incapaces de 'contemplarse' a sí mismos por dentro. Sin embargo, esa creencia, sin duda fruto de la soberbia humana, está recibiendo severos correctivos de la mano de la ciencia. Y ha sido el espejo, ese humilde objeto cotidiano que utilizamos cada mañana, el que se ha convertido en la herramienta que demuestra que la 'chispa de la conciencia' no es patrimonio exclusivo de nuestra especie.
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