























Como Papa dejaba mucho que desear, nadie lo discute, pero como zorro viejo y lince argentino Francisco sentó cátedra y marcó territorio en San Pedro. Échale un galgo. Cuando dijo aquello de que vendría a España cuando hubiera paz –planteamiento extensible a los países europeos ... que no tuvo el gusto de hollar, todos afectados por la perversión de su modelo democrático– no hizo sino curarse en salud y evitar meterse en los charcos de un populismo rampante que ya por entonces conducía en sentido único y obligatorio hacia el conflicto, esa 'polarización' de cultivo intensivo que practica nuestra clase política y agrícola. León XIV, que es un viva la Virgen, no ha tardado en programar sendas visitas a las naciones que Benedicto XVI puso en el mapa de su segunda evangelización y que su sucesor, siempre astuto, dejó al margen de su misión pastoral: primero España y después del verano Francia. Algo tendrá que decir cuando dentro de tres semanas venga el obispo de Roma de la resignificación del perdón, uno de los pilares del cristianismo y también del sanchismo, más que nada por la coincidencia.
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