





















Un jueves cualquiera, a medio día, un joven cruza la puerta del número 23 de la calle de la Cruz con una idea clara: «Vengo a por una capa. Mi padre tenía una, también de Seseña, heredada de su abuelo. Y creo que ya me ... toca a mí comprarme una para legarla. Lo más tarde posible eso sí», bromeaba. Pocas tiendas pueden presumir de que sus prendas las lleven hasta cuatro generaciones, pero Capas Seseña es una de esas excepciones. Primero, por su veteranía, pues este año cumplen 125 años en el corazón de Madrid, pero también por un proceso de elaboración artesanal que lleva décadas inmutable.
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