


























La vida en Dubái solía ser lo más parecido a un paraíso que puede alcanzar un expatriado de cuello blanco. Los colegios privados son buenos, las playas bonitas, las conexiones aéreas abundantes y el alcohol legal —siempre y cuando no seas emiratí o musulmán—. Los ... expatriados no pagan el impuesto sobre la renta, por lo que no hay molestas inspecciones de sus finanzas; no hay ostracismo, por lo que los criptomillonarios chinos y los oligarcas rusos pueden codearse con banqueros occidentales, magnates inmobiliarios árabes y empresarios israelíes; y no llueve, por lo que lo único de lo que tienen que preocuparse es del factor de protección solar de su crema.
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