





























Nápoles es caos: calles estrechas que parecen laberintos, balcones abarrotados de ropa tendida, motos que zigzaguean entre peatones y el tiempo, que parece fluir a su manera. De ese caos nace una belleza que desafía cualquier regla, incluso la imperfección. Dicen que el caos es ... en realidad un orden tan perfecto que el hombre, limitado, no es capaz de comprenderlo. Y luego está Manuel de Falla: un compositor inclasificable, cuya obra provoca admiración y perplejidad a partes iguales. Algunos lo juzgan, otros lo idealizan, pero quien se adentra en su música encuentra una luz inconfundible. Y el caos es orden cuando juntas a los dos: a la ciudad del Vesubio y al compositor. «Es uno de los grandes de todos los tiempos. Unamuno decía que 'la identidad de un pueblo es su cultura', y creo que Falla muestra eso con orgullo, no solo en cuanto a la composición, sino también en su estilo. Mucha gente dice que es el Ravel español, pero es que Falla es único en su discurso, en su esencia, en la cultura que muestra sin miedo a transgredir a través de lo suyo. Es de una dimensión infinita».
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