























De entre los cachivaches que acumulo en mi morada, trastos inútiles de gabinete de falso doctor ciertamente loco y muy aficionado a los experimentos estrafalarios, yace en un lugar estratégico, justo en la entrada, sobre una peana de rollo eclesiástico, un tricornio acharolado. Lo coloqué ... ahí como homenaje personal a la Guardia Civil pero, con el tiempo, ese tricornio se ha revelado de una utilidad suprema, infalible. Es el mejor detector de gilipollas del mundo. Me río yo del polígrafo con sus cables de tirabuzón tan de boina metálica de Makoki. El tricornio es insuperable.
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