Díez días después del 'estreno' a bombo y platillo del centro penitenciario, trabajadores del centro desvelan la realidad de un centro en el que el Gobierno de España ha destinado 81 millones

El obispo Segura, la consejera San José, el lehendakari Pradales, el ministro Marlaska, la delegada Garmendia y el director de Zubieta Alfredo Gómez en el acto inaugural de la prisión donostiarra.ARABA PRESS
Josean Izarra San Sebastián
Actualizado
En una de los despachos del edificio de acceso de Zubieta, la dirección de la cárcel mantiene una caja con decenas de folletos sobre el 'centro penitenciario Gipuzkoa'. El librito se abre con un breve texto de la consejera de Justicia María Jesús San José sobre el "Modelo Penitenciario Vasco" en el que sitúa como un "hito clave" la inauguración el pasado 17 de junio de la nueva cárcel. Apenas díez días después del acto oficial, Zubieta ya ha sufrido dos amagos de motín con presos desesperados, en sus 6 módulos solo trabajan interinos que esperan la llegada de otra remesa de jóvenes sin experiencia ni formación y el caos informático ha recuperado las libretas en los economatos donde se fía a internos desesperados por agua, tabaco y comida sin su 'peculio' registrado. "Algunas celdas son un infierno de calor y, para colmo, el centro de se llena de moscas que se cuelan hasta en los microondas", advierten trabajadores del centro.
La inauguración de Zubieta reproduce los problemas de gestión de personal que las cárceles vascas sufren desde la asunsión precipitada de su titularidad en octubre de 2021. Un traspaso precipitado por los compromisos de Pedro Sánchez con EH Bildu -como lo han reconocido dirigentes nacionalistas como Andoni Ortuzar- y que tuvo el pasado 17 de junio el último gesto político con la entrega de la cárcel de Zubieta al Gobierno vasco. La instalación se ha publicitado como un "núcleo urbano autosuficente" aunque las dos primeras semanas han evidenciado graves carencias que, según fuentes penitenciarias, motivaron dos intentos de motín en apenas 24 horas que -en último extremo- fueron evitadas por la intervención de los trabajadores de los módulos.
El Gobierno de España ha destinado -como reconoció el ministro Fernando Grande Marlaska en el salón de actos de la cárcel- 81 millones de euros para construir Zubieta aunque el Ejecutivo vasco rebaja a 45,4 millones el 'presupuesto total' de esta instalación en el mencionado panfleto. Pese al extraordinario esfuerzo presupuestario, las instalaciones del centro han mostrado sus carencias en sus dos primeras semanas de uso que han coincidido con una intensa ola de calor con temperaturas cercanas a los 40 grados en el entorno de San Sebastián.
"Los presos nos solicitaban que dejáramos entreabiertas las puertas de las celdas para que una mínima corriente de aire aliviara la sensación de agobio, especialmente en las celdas orientadas al sur", explican a EL MUNDO trabajadores de Zubieta. Una petición imposible de satisfacer en un centro penitenciario en el que el calor también lo sufren los propios vigilantes blindados por seguridad en torres con la climatización mal regulada y en las que se han incorporado ventiladores de pie para, al menos, mover el aire caliente de un lado al otro. Los reclusos, además, se han encontrado en celdas presuntamente equipadas con nuevos monitores de televisión cuyas conexiones no funcionaban o limitaban la captación a dos cadenas. "Los internos pasan muchas horas enchapados y la televisión no solo es un pasatiempo sino una forma de conectar con su entorno; los fallos en las antenas han provocado quejas en un ambiente que se ha ido deteriorando", constatan.
Tampoco ha ayudado nada que los economatos de cada uno de los 6 módulos se hayan convertido durante las dos últimas semanas en un inesperado problema al constatarse que el sistema informático que controla el 'peculio' -dinero disponible- de cada interno y que se tramita con tarjetas o 'txartelas' individuales tampoco estaba operativo. "Se ha salvado la papeleta tirando de 'fiao'; cada interno responsable del economato apunta en una libreta lo que piden sus compañeros y ya se arreglará", advierten desde Zubieta, en otro detalle que dista mucho de la imagen que el ministro Marlaska y el lehendakari Imanol Pradales quisieron dar durante la inauguración en un salón de actos en el que ya los invitados sufrieron el efecto de los problemas de aire acondicionado.
Problemas que, trabajadores con más experiencia, extienden al área de seguridad; el ámbito más delicado de una prisión en la que cumplen su condena unos doscientos internos incluida una veintena de dirigentes de la organización terrorista ETA. Vigilantes que están cada día en contacto directo con los reclusos advierten de fallos en los instrumentos de identificación para controlar sus movimientos -incluso con ángulos muertos en el interior de la prisión- y de accesos a los gimnasios desde los patios por problemas en algunos cerramientos. Riesgos potenciales agravados por la falta de personal con turnos de vigilancia en los seis módulos con apenas media docena de funcionarios. Una falta de efectivos que se ha agravado en los últimos días después de que el director del centro Alfredo Gómez comunicara la eliminación de 5 días de días libres que, según fuentes internas, tenían concedidos funcionarios con labores de coordinación. El pulso laboral ha elevado el número de bajas médicas, especialmente entre los funcionarios transferidos en 2021 que se sienten perseguidos por la gestión realizada por consejeras del PNV, primero, y ahora por la socialista María Jesús San José.
Los funcionarios de Zubieta sí reconocen que tanto el traslado de los internos de Martutene a Zubieta como los servicios médicos desplegados por Osakidetza en el nuevo centro han sido "ejemplares". E incluso alaban el comportamiento de la mayoría de los reclusos que durante varios días han visto peligrar sus comunicaciones con familiares y allegados por un problema informático aunque todos ellos han tenido garantizado el contacto con sus abogados.























