

























Cerca de 6.000 kil�metros o, lo que es lo mismo, 3.200 millas n�uticas, separan el Estrecho de Gibraltar de las primeras islas del mar Caribe, las Antillas. En un barco de vela convencional se tardan entre 10 y 15 d�as de navegaci�n en cruzarlas. Sin embargo, a pesar de la distancia, el Estrecho de Gibraltar y el Caribe se est�n acercando e, incluso, est�n empezando a parecerse. Podr�a decirse que el Caribe est� comenzando a colonizar la puerta de entrada al Mar Mediterr�neo o, mejor dicho, algunas de sus especies est�n llegando a donde antes no se las imaginaba.
La raz�n es la creciente temperatura de los mares y oc�anos por efecto del cambio clim�tico, que est� haciendo que las aguas que ba�an el litoral desde Algeciras a Almer�a, pasando por M�laga y Granada, se calienten hasta el punto de que peces que son originarios de otras latitudes m�s c�lidas, han encontrado aqu� un nuevo hogar, un ecosistema en el que se sienten c�modos. Como en casa.
Que el Estrecho de Gibraltar se est� tropicalizando es una de las conclusiones a las que ha llegado un grupo de investigadores del Instituto de Oceanograf�a de Espa�a liderados por el ocean�grafo Manuel Vargas despu�s de haber estudiado los cambios que se han producido en los �ltimos a�os en esa zona y en el Mar de Albor�n, por un lado, y en las aguas mediterr�neas que rodean las Islas Baleares y llegan a las costas catalana y al Levante, por otro.
En el Estrecho y en Albor�n se ha descubierto que hay ejemplares de especies tan ex�ticas como la dormilona, la Lobotes surinamensis; la cuna lucero, o Paranthias furcifer; el pez le�n soldado, Pterois miles, o el tibur�n ballena, cient�ficamente conocido como Rhincodon typus.
La dormilona, por ejemplo, suele encontrarse en el Atl�ntico y el Pac�fico occidentales, de Nueva Inglaterra hasta Argentina; la cuna lucero, en las aguas desde Carolina del Sur, en Estados Unidos, hasta Brasil y en las islas del Atl�ntico sur; el pez le�n es habitual del oc�ano �ndico, desde el Mar Rojo hasta Sud�frica e Indonesia, aunque tambi�n est� presente, como especie invasora, en la costa este de Estados Unidos y en el Mar Caribe hasta Venezuela; y el tibur�n ballena, que es considerado el pez m�s grande con 15 metros de longitud, es originario de las costas de M�xico, Australia, Filipinas, Mozambique y las islas Gal�pagos.

La vieja colorada ('Sparisoma cretense').Alejandro Mart�nIEO-CSIC
Este art�culo sobre c�mo la tropicalizaci�n de las aguas mediterr�neas espa�olas est� afectando a las comunidades de peces ha sido publicado recientemente en Journal of Marine Science and Engineering. En �l, una docena de investigadores procedentes de distintas instituciones espa�olas e internacionales, han plasmado el resultado de una investigaci�n que se ha hecho a partir de registros de datos acumulados en las �ltimas tres d�cadas de las campa�as peri�dicas que lleva a cabo el Instituto de Oceanograf�a para evaluar los recursos pesqueros en las aguas espa�olas.
Los cient�ficos que han realizado esta investigaci�n han comparado esos registros y han constatado que las especies tropicales empiezan a detectarse ya en 2017.
Aunque el cambio clim�tico es un factor desencadenante y que hay que tener en cuenta, destaca el ocean�grafo Manuel Vargas, no es el �nico. Igual de determinante es la acci�n directa del hombre, que se concreta, pone como ejemplo, en la introducci�n de especies lejanas que llegan a bordo de grandes buques o a partir de la acuicultura. La apertura del Canal de Suez, a�ade Vargas, es otro ejemplo de acci�n humana que ha propiciado que especies propias del oc�ano �ndico y del Mar Rojo hayan alcanzado el Mediterr�neo.

El ocean�grafo Manuel VargasIEO
Si a eso se suma que las aguas mediterr�neas, hasta llegar al Estrecho de Gibraltar, han ido aumentando su temperatura (y sigue subiendo), tendr�amos los motivos que explican que el pez tibur�n haya alcanzado las costas andaluzas. "El cambio clim�tico es indiscutible y �sta es la principal alteraci�n a los ecosistemas, pero hay otras", hace hincapi� el investigador del Instituto de Oceanograf�a.
En total, en las aguas del Estrecho y el Mar de Albor�n se llegaron a identificar hasta diez especies de cuya presencia no se ten�a conocimiento, aunque cuatro son las que proceden de aguas c�lidas.
En el otro punto de estudio, en las aguas costeras de Baleares, Catalu�a y el Levante tambi�n se localizaron especies nuevas, hasta 15, pero no eran de aguas c�lidas. Algunas, incluso, son habituales de aguas a�n m�s fr�as.
Seg�n Vargas, ese resultado puede resultar "sorprendente" porque si la causa es el calentamiento del agua y las aguas baleares tambi�n han experimentado un incremento de su temperatura, tambi�n all� deber�an haberse localizado especies de aguas tropicales. M�s a�n, el aumento de la temperatura es en esta zona mayor que en el Estrecho o el Mar de Albor�n y se calientan a un ritmo que el triple o el cu�druple de la media global.
El term�metro en el Estrecho y Albor�n sube dos grados cent�grados por siglo, mientras que en las aguas baleares, catalanes y del Levante el aumento es de entre tres y cuatro grados cent�grados por siglo. Apunta Vargas que este aumento puede resultar escaso, pero lo preocupante es, sobre todo, "la velocidad" a la que sube. Si no hay freno, a finales del siglo XXI, la temperatura media global de mares y oc�anos se habr� disparado cuatro grados. Hasta cinco en el caso del Mediterr�neo que, si llega a ese punto, ser� "muy diferente" al mar que conocemos actualmente.

'Canthigaster capistrata', una especie de pez globo conocida como gallinita y habitual en las Islas CanariasAlejandro Mart�nIEO-CSIC
Falta por estudiar si la presencia de estos peces al�ctonos, procedentes de latitudes c�lidas, es puntual o se han asentado y se est�n reproduciendo. Y, en ese caso, igualmente, qu� efecto pueden tener estos intrusos en el equilibrio de los ecosistemas.
Todo ello hace necesario continuar con los estudios cient�ficos, seg�n los autores del estudio. En lo que respecta al impacto en las aguas estudiadas de estas especies tropicales, Vargas opina que "es dif�cil de predecir, pero en principio no es deseable" esta alteraci�n del ecosistema.
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