

























La era digital nos ha permitido relacionarnos más allá de la presencialidad y los cuerpos. Un formato abierto a conocer a personas con quien, muy probablemente, no nos hubiéramos cruzado en la vida. Una puerta abierta a la construcción de vínculos y experiencias de todo tipo. Un aperitivo para conocerse, jugar y tontear antes de quedar físicamente con alguien; además de una vía para el placer, los afectos, la erótica y el acceso a otras áreas de nuestra sexualidad.
Es cierto que en pandemia nos salvaron, en cierto modo. Los seres humanos somos seres sociales y el contacto humano nos ofrece salud y alegrías; pero la tendencia es ir a más en los contactos digitales, y a menos en los encuentros genitales, ajenos.
Cada vez más personas se relacionan sin tocar otros cuerpos. En ocasiones es una decisión o un deseo profundo al no despertarse deseo de contacto físico sexual hacia otras personas; como podría ser el caso de algunas orientaciones dentro del espectro asexual, aunque sí pudiera aparecer deseo romántico, por ejemplo.
Otras veces se debe a la carencia de habilidades sociales para conocer a personas, lanzarse a ligar o por la creencia, o realidad, de ser torpes en la conversación. Hay miedos al contacto cuerpo a cuerpo; muchos originados por malas experiencias pasadas. Algunos casos se deben a fobias sociales, los menos, u otras situaciones asociadas a la salud mental o sexual; por disfunciones sexuales no tratadas ni resueltas adecuadamente.
Por mi dilatada experiencia en consulta, me atreveré a indicar que la mayoría estarían asociadas a la mala gestión de la propias emociones y en concreto, la ansiedad. Que a su vez podrían ser origen o consecuencia de diversas disfunciones, siendo las más frecuentes la eréctil, incontrolabilidad eyaculatoria (más conocida como eyaculación precoz), o a la anorgasmia; además de los desajustes de pareja.
Tocarse uno mismo con la fantasía compartida con otra u otras personas permite esconderse, y así, relajarse, generando una sensación de control que permite el disfrute alejado del riesgo. En definitiva, serían respuestas de evitación a exponerse a situaciones que les generan ansiedad específica o generalizada.
A su vez, esta huida puede instaurarse como única fuente de contacto y producir un asilamiento social con múltiples consecuencias. Por supuesto, habría que estudiar cada caso, pero resulta evidente la tendencia mundial a la autogestión sexual digital; desde las apps de citas, pasando por el sexting con otras personas, a las muñecas hiperrealistas, incluso con Inteligencia Artificial (IA) incorporada; siendo esta última la opción más despersonalizada, pero indicativa de un deseo real de relación, unido al miedo a la interacción con las personas y un bajo nivel sensación de control y autoestima.
Es un hecho que el uso de aplicaciones de citas ha experimentado un notable crecimiento durante 2024, tanto en España como a nivel mundial. El número de usuarios de estas plataformas ha aumentado en España un 17% en comparación con el año anterior, según el último análisis de GfK DA, medidor oficial del consumo digital en España. El fenómeno de las dating apps acumula ocho millones de visitas al mes en España; siendo su pico en diciembre y con el momento menos activo en julio. Aunque continúan siendo los millenials los que más apuestan por el ligoteo online 38%, seguidos de cerca por la generación Z, 17%; según el análisis de GfK DA, para muchos es su primera opción para conectar y practicar sexo. Y en cuanto a género, el público de las plataformas de dating en España sigue estando muy masculinizado: según datos de 2024, se reciben mensualmente 3,4 millones de visitantes masculinos frente a los 1,3 millones de mujeres.
La verdad es que son pocas las personas que conozco que no hayan entrado en alguna aplicación para cualquier cuestión afectiva o sexual.
El sexting también parece estar presente en algunas aplicaciones que incluyen características para facilitar el intercambio de contenido erótico.
La mayor vulnerabilidad se encontraría en el acceso temprano. Cada vez el acceso digital se realiza con menor edad, aunque sea para jugar en línea; cuestión que propicia jugar menos en persona o relacionarse en la calle mirando cada uno su propio móvil, en lugar de charlar o reír juntos. Personas en construcción, aún más fáciles de engañar.
Uno de los principales peligros es la "ingeniería social: técnicas de manipulación psicológica utilizadas por ciberdelincuentes para ganarse nuestra confianza y obtener acceso a información confidencial", afirma Vanesa Sierra, analista de Ciberseguridad. "Estos atacantes suelen crear perfiles falsos muy bien construidos, iniciar conversaciones afectivas o seductoras, y, poco a poco, comienzan a pedir datos personales como números de identificación, ubicación, lugar de trabajo o incluso contraseñas", previene. "Cuando la relación toma un tono íntimo o sexual, los riesgos se multiplican. En muchos casos, el atacante solicita fotos comprometedoras para luego extorsionar a la víctima, una práctica conocida como sextorsión. También puede invitar a continuar la charla por WhatsApp o Telegram, enviando enlaces a supuestas videollamadas o contenido explícito que, en realidad, llevan a sitios falsos diseñados para robar credenciales o instalar malware como troyanos, keyloggers, o incluso spyware capaz de activar la cámara o el micrófono sin consentimiento", destaca Sierra.
Descubrir la sexualidad en formato digital tiene sus consecuencias. Ya sea a través del porno mainstream, el cual se basa en aumentar la estimulación, la mayoría de las veces con ayuda del uso de las imágenes violentas, con una presentación sesgada de lo que es la sexualidad e impidiendo que puedan descubrir y disfrutar la suya propia. Esta claro que el sexo explícito y el cine para adultos nos pueden excitar, como es lógico, estamos programados para ello y puede ser maravilloso disfrutarlo; sin embargo, su acceso a mentes inmaduras, como las de la infancia, la pubertad o la adolescencia desinformada, sin una mirada crítica, o al menos en construcción, es algo que considero negativo.
Por eso es importante no solo un control parental, que a veces se pasa en invasión de la intimidad, con la consecuente pérdida de la confianza de hijas e hijos en sus familias, sino también que la educación sexual esté presente en el ámbito familiar. Para ello, son los adultos los que deben responsabilizarse de educarse primero, con profesionales de la psicosexología, para poder crear esa confianza y ayudar a su descendencia a la construcción de esa mirada crítica basada en la escucha, la empatía y no en la moral, que les ayudará a lidiar con los riesgos que les ofrecerá también la experiencia digital.
Es evidente que, en la actualidad, el cibersexo puede resultar una interesante opción para conseguir placeres deseados al instante, pero también otros tantos indeseados. Por supuesto, hay que saber utilizarlo para poder disfrutar sus beneficios y prevenir los riesgos que también se presentan en estas prácticas.
El placer, en todas sus aristas, es uno de los grandes beneficios que se pueden encontrar con estas prácticas, pudiéndose resolver al instante, sin necesidad de cortejos y de manera directa, si se desea. Relaciones líquidas las llaman; esas que se pueden construir y deshacer unos minutos después, sin intención de hacerlas crecer. Algo fantástico si se desea por todas las partes implicadas, y sin efectos secundarios nocivos, a simple vista. Cero moralinas al respecto, por supuesto, pues puede ser absolutamente excitante, e incluso sano, cuando se desea lo mismo por todos los participantes. Sin embargo, hacer del uso un abuso sí pueden conllevar consecuencias importantes en nuestro funcionamiento social, emocional y sexual.
Esto se traduce, en el ámbito sexual, en menos contacto físico e hiperestimulación sensorial en solitario. A su vez la práctica focalizada exclusivamente en la estimulación genital puede generar la disociación del resto del cuerpo, de propio y de los ajenos.
La salud sexual es salud mental, física y social. Ofrece alternativas, desde el nacimiento de tus hijos e hijas, de contacto humano y emocional, para que no contemplen como única la vida la digital. La presión social la tendrán, haz que de ti les llegue el apoyo, la compresión y modelos de usos digitales responsables y saludables.
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