


























El visitante que deambula por la pequeña calle de Leópolis difícilmente podría imaginar que la estatua de bronce del marqués Leopold von Sacher-Masoch, da acceso a un café y un hotel que no sólo loa la memoria del apodado Marqués de Sade sino a un hotel dedicado a acoger a los devotos del sadomasoquismo.
Muy pocos conocerán que Von Sacher nació en este mismo lugar dado que cuando lo hizo, en 1836, la ciudad ni siquiera se llamaba Leópolis sino Lemberg, y Ucrania no existía. Lemberg era entonces un territorio del imperio austro-húngaro.
Los responsables del "Cafe-Hotel Masoquismo" juegan con la evocación que surgió de las páginas de la novela más famosa de Von Sacher, Venus con pieles (1870), cuya trama casi autobiográfica permitiría al psiquiatra austriaco Richard Freiherr von Krafft-Ebing acuñar el término "masoquismo" pocos años después.
La decoración en negro y rojo de las dependencias o la pequeña tienda de artilugios eróticos, que lo mismo vende velas cuya cera derretida podrá ser vertida sobre la piel de la pareja, fustas, esposas de cuero o ataduras, son un continuo guiño hacia la sensualidad más libre.
"Estamos viviendo tiempos de incertidumbre. No sabemos lo que ocurrirá mañana. Los ucranianos antes eran más reservados, pero en estos años han evolucionado. Ahora son más abiertos. En Leópolis, que es una localidad de citas donde se encuentran los soldados y sus novias, existe una gran comunidad BDSM (las siglas en inglés que identifican a estas conductas sexuales consensuadas basadas en la dominación y el masoquismo)", explica Daria, de 27 años, la responsable del negocio.
La existencia del "Café Masoquista" de Leópolis dista mucho de ser una simple anécdota o un mero recurso para rentabilizar los orígenes de Von Sacher. Aunque no existen cifras concretas, en Ucrania el Bondage, la Disciplina, la Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo (que es lo que viene a significar BDSM) se ha convertido desde hace años en un elemento de seducción e inspiración para un sector de la población que lo mismo consume ropa interior como la de la explícita marca Anoeses -que han llegado a usar celebridades de la talla de Madonna o Julia Fox-, que frecuenta los múltiples clubes especializados en esa conducta o acude a clases de Bondage como las que se organizan en una pequeña sala del barrio de Podil, en Kiev.
Allí se comercializan también ataduras de todos los colores y texturas, pequeños artilugios con rotores de pinchos, calendarios sensuales o guías para los neófitos como la que reza: "Pautas de seguridad para el bondage".
La sala está equipada con anillas y barras colgadas del techo. En un lateral se puede divisar a un tiburón de peluche amarrado a un palo, como si fuera un guiño irónico al contenido "lectivo" que se imparte en el aula.
Yulia se inició en el mundo del "Shibari" -técnicas de ataduras originarias de Japón, que terminaron asociadas al BDSM- poco antes de que Rusia promoviera el inicio de la guerra en el este de Ucrania, en 2014.
Originaria de Jarkiv, ahora es la profesora que adiestra a las tres féminas que han acudido a esta sesión en los intríngulis de nudos y cuerdas que se usan en esta actividad. "Tienes que hacer el nudo en mitad de las nalgas", indica a una de las alumnas.
"Ucrania ha sido siempre una sociedad conservadora pero las nuevas generaciones se han educado en una sexualidad más abierta. El 70 por ciento de nuestros alumnos son mujeres y el resto hombres", comenta.
Los talleres que se imparten en el barrio capitalino de Podil forman parte del significativo listado de centros que enseñan estas prácticas tanto en la capital como en otras ciudades como Leópolis, donde reside una de las "expertas" más reconocidas del país en estas técnicas: Marta Shinnysticks, fundadora del "colegio Shibari" de dicha localidad. "Le enseño a la gente que el shibari es algo normal, no una perversión o porno", defendió la arquitecta ucraniana en declaraciones a una publicación local.
La proliferación de "talleres" de "shibari" o bares inspirados en el BDSM es un reflejo de la evolución de la sexualidad en la sociedad ucraniana durante más de una década de conflicto, que ha ahondado la fosa de separación que les aleja del pasado común que compartieron con Rusia.
La relativa permisividad ucraniana en estos asuntos contrasta con el tono inflexible que ha mantenido Moscú al respecto desde hace años. El concepto LGBTQ+ ha adquirido en esa nación una connotación más que singular y ahora se aplica a todas aquellas prácticas que se definen como "no tradicionales".
En los territorios controlados por Moscú, esa comunidad se ha convertido en uno de los principales objetivos de las autoridades. Las asociaciones que defienden a dicho colectivo fueron catalogadas en 2023 como "extremistas" y los organizadores de actividades relacionadas con esos grupos pueden enfrentar hasta 10 años de cárcel.
La ofensiva contra los encuentros de contenido sexual se intensificó a partir del 2023. Ese año, una de esas fiestas, publicitada por una conocida presentadora rusa, Anastasia Ivleeva, derivó en un monumental escándalo y un proceso judicial en el que se acusó a los promotores de "desviados".

Participante en un taller de 'shibari', vinculado a las prácticas BDSM.
En las mismas fechas el conocido festival Pesca BDSM de la ciudad de Orekhovo-Zuevsky, que se llevaba celebrando durante una década -según la publicación 360- fue cancelado abruptamente por la policía.
Las fuerzas de seguridad han multiplicado sus intervenciones contra estos festejos en los últimos meses. El pasado mes de agosto otro tribunal condenó a un organizador de fiestas de temática BDSM por "ofender el sentimiento de los creyentes".
Los movimientos ultraderechistas también han lanzado una activa campaña contra cualquier evento al que se vincule con la sensualidad más explítica: desde las fiestas de intercambio, a las de temática BDSM o, por supuestos, las que organizan los integrantes del colectivo LGBTQ+, equiparando estos comportamientos al "satanismo", como escribía recientemente la publicación rusa The Insider.
Bajo el categórico titular "La guerrilla pervertida: las fiestas sexuales rusas pasan a la clandestinidad", el mismo medio de comunicación indicaba que la mayoría de los de estos eventos han tenido que abandonar los clubes dedicados a estos menesteres y prefieren citas privadas. La paranoia ha alcanzado tal extremo que algunos encuentros dedicados al intercambio de parejas se anuncian acompañadas de este tipo de mensajes: "apoyamos los valores familiares y nos oponemos a la comunidad LGBT".
Lejos de esta aproximación, los 11 años de conflicto armado han permitido a los integrantes de esa orientació sexual en Ucrania una mayor visibilidad, amparados por la participación de destacados miembros del grupo LGTBQ+ en el esfuerzo bélico y el reclamo de que sus parejas dispongan de los mismos derechos de las de una relación heterosexual.
Personajes como el veterano de guerra Viktor Pylypenko -uno de los primeros soldados que se declararon abiertamente gays- se han convertido en referentes públicos, decididos a quebrar el tabú que todavía existe en muchos sectores del país en torno a estas personas.
Durante las últimas jornadas del orgullo LGTBQ+, los asistentes pudieron rendir homenaje a los integrantes de esta comunidad muertos en la guerra con Rusia. Si en 2024 se mostraron 12 nombres, este año fueron 27, aunque la mayoría con la cara todavía pixelada, reflejo del largo camino que queda por recorrer en el país en este sentido.
"Hemos demostrado que existimos. Vamos avanzando, aunque sea paso a paso. Nuestra lucha también es una lucha por la democracia", comentó a este diario, Vira Chernygina, una conocida activista LGTBQ+, en una convocatoria del día del orgullo en Jarkiv, en el norte del país.
La joven se expresaba en medio de la principal avenida de la metrópoli norteña, cuyos árboles habían sido adornados con carteles donde los activistas habían escrito lemas como "Tan gay y tan orgulloso" o "El amor es amor".
Aunque Ucrania no reconoce el matrimonio del mismo sexo y con ello restringe muchos de sus derechos, el pasado mes de junio un tribunal reconoció como "familia" a una pareja gay en lo que uno de los implicados, Zoryan Kis, consideró "un importante y gran paso hacia la igualdad matrimonial en Ucrania".
El apoyo del público ucraniano a los derechos LGTBQ+ ha aumentado de forma exponencial desde el 2022. Una encuesta realizada el año pasado por el Instituto de Sociología de Kiev reveló que el 70% de los ucranianos cree que las personas LGTBQ+ deberían tener los mismos derechos que el resto.
El seísmo social que ha generado el conflicto ha trastocado de forma radical la aproximación que tenía este país en torno a toda una legión de cuestiones relacionadas con el sexo y la intimidad.
Las obligadas ausencias de los militares que pelean en el frente han propiciado la aparición de un tropel de especialistas que indican cómo mantener la intimidad y las relaciones en estas difíciles circunstancias, o un aluvión de iniciativas para vincular la erótica al esfuerzo bélico.
En el mismo inicio de la invasión general del 2022, una pareja de jóvenes artistas, una ucraniana y otra de Belorrusia, formaron una plataforma digital dedicada a comercializar fotos sensuales y enviar los ingresos al ejército local. El proyecto reunió a decenas de "voluntarios" -tanto féminas como hombres- y recaudó cientos de miles de dólares.
El año pasado una de las actrices porno más famosas del país, Josephine Jackson, también apadrinó un calendario destinado a recabar fondos para cubrir las necesidades del creciente número de mutilados que está dejando la conflagración.
En el mismo sentido, las autoridades ucranianas alabaron hace días la disposición de un significativo número de chicas vinculadas a la polémica plataforma OnlyFans -un espacio erótico que algunas organizaciones feministas califican de pornografía o incluso prostitución encubierta- a registrarse como contribuyentes y aportar el año pasado 1,6 millones de dólares a las arcas nacionales, un 18% más que en el 2023.
"Las chicas que realizamos este trabajo nos enfrentamos a un sistema corrupto en el que tienes que sobornar a los agentes para que no te detengan"
Un gesto, el de las usuarias de OnlyFans, que se concretó después de la controversia que se generó en torno a esa comunidad, a la que el fisco local exigió cerca de 8 millones de euros en impuestos de los años 2020 a 2022, una cifra que permite entender el volumen de negocio que mueve dicha actividad.
Para Danylo Hetmantsev, presidente del comité de finanzas del Parlamento ucraniano, la actitud de las usuarias ucranianas de OnlyFans es "un ejemplo a seguir".
Un amplio número de ucranianas han conseguido convertirse en estrellas de OnlyFans -cuyo propietario, Leonid Radvinsky, es un americano de origen ucraniano- en los últimos años, transformando su popularidad en ganancias millonarias.
Una de ellas, Svitlana Dvornikova, lidera una campaña para intentar que la pornografía no sea un delito en este país, un empeño en el que ha encontrado el apoyo de varios legisladores locales.
"Soy una contribuyente responsable. Produzco contenido erótico. En cinco años, he pagado más de 40 millones de grivnas (unos 9 millones de euros) en impuestos al Estado. 40 millones son 100 camionetas o 2.000 drones FPV para las Fuerzas Armadas de Ucrania. 40 millones son cientos de rusos muertos en el frente", se leía en la petición que envió la modelo al propio presidente Volodimir Zelensky.
Los diputados que apoyan el reclamo de Dvornikova presentaron el pasado mes de diciembre un nuevo proyecto de ley para reformar el código penal del país, que todavía permite castigar a los ciudadanos por el simple hecho de tener fotos de desnudos en sus teléfonos.
Para la citada Josephine Jackson, el intento de legalizar este tipo de actividad llega "tarde" pero "mejor que nunca". "Las chicas que realizamos este trabajo nos enfrentamos a un sistema corrupto en el que tienes que sobornar a los agentes para que no te detengan. Si el porno fuese legal, eso dejaría de pasar", explica ella en un café de Lviv, donde reside.
Con más de un centenar de películas de este tipo, Josephine recuerda que en Japón, el cine de alto contenido erótico no está marcado por el estigma. "Si queremos ser europeos tenemos que tener la mente más abierta", opina.
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