Ciudad abierta
Tanto en Espa�a como en Europa seguimos dando palos de ciego en el manejo de la inmigraci�n

La ministra portavoz Elma Saiz, junto a F�lix Bola�os y �scar Puente, en el Consejo de Ministros.EFE
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Uno de los argumentos cl�sicos a favor de la libertad de expresi�n es que ayuda a resolver los problemas colectivos. Lo expuso Mill en Sobre la libertad: una sociedad que puede debatir libremente acerca de sus asuntos alcanzar� mejores soluciones que una sociedad cuyos debates est�n sometidos a la censura y el tab�. Cuanto m�s amplio sea el abanico de opiniones que podamos tener en cuenta, m�s f�cil ser� identificar cu�les son las m�s �tiles -o, al menos, las que gozan de un consenso real-.
No parece, desde luego, que esa hip�tesis se est� cumpliendo en el debate sobre la inmigraci�n. Es cierto que este es mucho m�s bronco hoy que en 2005, cuando se produjo la �ltima gran regularizaci�n en Espa�a. Pero tambi�n se dir�a que el debate es ahora bastante m�s plural. Da la impresi�n, sobre todo, de que las posturas cr�ticas con los efectos de la inmigraci�n estaban mucho m�s atenuadas, o m�s expuestas al tab�, a mediados de los 2000 que en la actualidad.
El caso es que no parece que esa mayor pluralidad haya ayudado a encontrar mejores soluciones. Que un Gobierno que lleva ocho a�os en el poder recurra a una regularizaci�n excepcional ya muestra que han fracasado las recetas aplicadas previamente para frenar la irregularidad. Que se invoque tanto un modelo aplicado hace dos d�cadas tambi�n sugiere una asombrosa falta de ideas nuevas. Que siga habiendo serias dudas sobre la capacidad de la administraci�n de gestionar la avalancha de solicitudes indica adem�s que, por mucho que se haya hablado de este tema en los �ltimos a�os, las soluciones que se aplican siguen siendo improvisadas y cortoplacistas. Y que esto haya ocurrido sin pasar por el Congreso ni buscar un acuerdo con la oposici�n indica que la mayor pluralidad del debate no ha permitido alcanzar nuevos consensos.
Puede que todo esto se explique por las peculiaridades del Gobierno actual: su falta de una mayor�a parlamentaria, su apuesta por la polarizaci�n y por medidas de gran impacto medi�tico, etc. O puede ser, sencillamente, que tanto en Espa�a como en Europa seguimos dando palos de ciego en el manejo de la inmigraci�n. Que lo hemos reconocido como uno de los grandes desaf�os de las sociedades occidentales, sin que esto nos haya ayudado a saber bien qu� hacer al respecto. Aparte de hablar sobre ello.





















