Las previsiones son negativas y cogen a España en un mal momento, con un Gobierno sin Presupuestos ni mayoría parlamentaria

Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo.AFP
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El precio de la energía, disparado desde que EEUU bombardeó Irán y el régimen teocrático respondió con el cierre de Ormuz, se ha convertido en un riesgo persistente para las economías europeas. Es la coyuntura crítica en la que el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido subir los tipos de interés por primera vez desde septiembre de 2023. La decisión fue tomada por unanimidad después de que la zona euro registrara una inflación del 3,2% interanual en el mes de mayo, su nivel más alto desde hace casi tres años. El organismo advirtió ayer de que el alza de los precios se extenderá previsiblemente durante el verano y se transmitirá con rapidez al los precios de los alimentos.
El escenario es sombrío, con unos efectos que se prolongarán y que se suman a la ralentización general de la economía en la eurozona. En España, que mantiene un crecimiento superior al de otros países del entorno, la subida de precios está impactando especialmente sobre las familias y las clases vulnerables. Se espera que 2026 cierre con la inflación más elevada en 18 años, con la única excepción de 2022, tras la pandemia y el shock energético de la invasión rusa de Ucrania.
Con su decisión de elevar los tipos de interés, que pasan del 2% al 2,25%, el BCE rectifica el rumbo de dinero barato que había mantenido durante los últimos tiempos, y que ha contribuido a que los países eleven su gasto y ahora se vean abocados a una necesaria contención. Un contexto preocupante al que se suma el final de los fondos Next Generation. La economía española, que ha dependido en gran medida de ellos desde 2021, es particularmente vulnerable a la nueva etapa. El BCE avisó ayer a los gobiernos de que deben aplicar sus medidas de forma quirúrgica, y avisó de un presumible aumento de la tensión fiscal al acabarse los fondos europeos.
La subida de tipos se inscribe en el objetivo europeo de evitar que la inflación supere el 2%, frente al 3% que reflejan las últimas estimaciones para 2026 del BCE. Su presidenta, Christine Lagarde, confió ayer en que haber actuado en estos momentos sirva para volver a cumplir el objetivo en 2027. En todo caso, las previsiones son negativas y cogen a España en un mal momento, con un Gobierno sin Presupuestos ni mayoría parlamentaria y cuya prioridad es sobrevivir al escándalo de corrupción del día.
En EEUU, donde el alza de precios ya alcanza el 4,2%, Donald Trump ha vuelto a cambiar su discurso y ahora asegura «amar» la inflación. Seguramente es un exabrupto que busca encubrir su incapacidad para reabrir Ormuz tras más de cien días de guerra, pero en realidad revela un patrón reconocible de su política: la expulsión masiva de inmigrantes, el cierre de fronteras, el ataque a Irán y los aranceles tienen en común ser decisiones que aumentan la inflación, con unas consecuencias que se sienten en toda Europa.










