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El octavo pecado, el demonio del mediod�a
Rebeca Yanke · 2026-05-14 · via Opinión

La cari�tide

C�mo saber, realmente, si la incapacidad reside en el cerebro o en esa par�lisis, en algunos recurrente, que no permite siquiera mover extremidades

'Meditaci�n', o 'Madame Monet en el sof�'.

'Meditaci�n', o 'Madame Monet en el sof�'.

Actualizado

Audio generado con IA

Hay d�as en los que el cuerpo sencillamente no acompa�a. Solemos decirnos que es la mente pero, a veces, quiz� siempre, todo empieza en la piel. C�mo saber, realmente, si la incapacidad reside en el cerebro o en esa par�lisis, en algunos recurrente, que no permite siquiera mover extremidades. O hablar. O salir de las cuatro paredes que, por suerte, otorgan seguridad: el hogar.

Detr�s de todo ello hay una batalla. No la calificaremos de ardua porque ser�a un pleonasmo, cosa que ahora no nos hace falta. Sucede as�: la tristeza se apodera del cuerpo y arrastra a la mente; pereza parece pero melancol�a es. Y anta�o fue hasta pecado capital, el octavo, al que llamaban el �demonio del mediod�a� porque atacaba en la hora sexta del d�a. En realidad, hay muchas maneras de definirla -abulia, apat�a, tedio, desgana- pero m�s dif�cil es acotarla, encontrar los matices de cada uno de sus nombres, entrar en sus pliegues; derrotarla.

Hay uno que se llama acedia, una expresi�n antigua para definir la pereza de coraz�n. En la hora sexta, la voluntad decae, y se instala la pobreza de esp�ritu. Seamos precisos: la pereza de esp�ritu se desparrama, lo conquista todo, mente y cuerpo, aleda�os y miserias varias. Busquemos m�s palabras: congoja, desvelo, angustia, sufrimiento.

A los monjes del desierto del siglo IV, que fueron los que identificaron todo esto en s� mismos, les suced�a: tras varias horas trabajando -orando- llegaba la desgana, la acedia, la tristeza, la apat�a para llevar a cabo esfuerzos f�sicos o tareas cotidianas. En su caso, tambi�n espirituales. Dejaban, imagino, de rezar con alegr�a. Dir�ase que no era simple pereza, que hay algo m�s que se entrelaza -pensamientos, venas, respiraci�n, l�grimas- y nos anula.

Pero lo peor no es eso. Lo peor es que ahora estamos igual que en el siglo IV, y esa pereza mal entendida es hoy tambi�n pecado capital. Por mucho fen�meno pro salud mental que se desatara tras la pandemia. Por mucho que vayamos de emp�ticos, de sensibles, de conscientes, porque hacemos yoga o mindfulness o porque vamos al psic�logo o porque, simplemente por inercia, estemos ya muy hechos, muy maduros o muy pasados de vueltas.

No debe ser casual que termine estas l�neas -ayer para usted- cuando se acerca la hora sexta, tambi�n llamada hora del �ngelus, que se reza sin embargo tres veces al d�a. Por si sirviera de algo: no pienso darle espacio al demonio del mediod�a. Igual hasta rezo. O canto. Mi abuelo dec�a que cantar es orar dos veces.