Solo con receta
Esperar�n que tras la experiencia reciente nadie comience a buscar casa rural con instalaci�n de fibra �ptica. Qu� se le va a hacer: uno mata una vez a un perro y, caramba, lo llaman mataperros

El director del centro de Coordinaci�n de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Sim�n.
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BICHO MALO
El XXI est� resultando ser un gran siglo para el hipocondr�aco est�ndar. Nos provee internet a los de visi�n proyectada y vista microsc�pica de inagotables fuentes que nutren sin descanso nuestro conocimiento m�dico. Nos dota de una fin�sima habilidad para diagnosticar lo que sea que se nos pone por delante, lo mismo un TDAH que un herpes z�ster que agarra la cintura como un sevillano en la Feria de abril. Nada escapa al que ha instalado en su ChatGPT un centro de atenci�n primaria.
El campo hoy est� llenito de trigo, de amapolas bailongas y animales saltarines. Mi perra volvi� de una excursi�n, pese a las protecciones oficiales, transformada en un autob�s de garrapatas. Se las arranqu� una a una y proced� a ejecutar lo que m�s terror me daba: inspeccionarme a m� misma. Los pliegues parec�an limpios. Pero en la nuca, gorda despu�s tras al menos cinco horas de succi�n, hab�a enganchada una garrapata. Los ojos hinchados de Bella Hadid, enchufada a una m�quina de hospital, me relampague� en las pesta�as. Mi cara no ten�a soporte �seo para incorporar con dignidad las protuberancias de un muffin. Se dispusieron a extraerla con unas pincillas y entre mis gritos y su repel�s, qu�tamela qu�tamela, el bicho se escapaba y en el cuerpo entero o�a el clonc clonc de su cabeza atrapada en la m�a. Lo tuve clar�simo. Algo nos unir�a para siempre a la modelo y a m� y no ser�an los d�gitos de la cuenta corriente: la primavera acababa de sentenciarme a la enfermedad de Lyme.
Cuando Fernando Sim�n cacarea que la transmisi�n del hantavirus es baja, pero en Alicante a�slan a la compa�era de vuelo de una contagiada, el buen hipocondr�aco se aprovisiona de mascarillas, pl�tanos, levadura y paracetamol. Entre el robot que siempre asiente y el autor de Uno o dos casos, una hace mejor entreg�ndose a la complacencia.
Llegu� a Madrid, por cierto, y mendigu� antibi�ticos a mi m�dico.
En bucle, I've Heard That Song Before.
TODO LO VE
Desde ayer, Instagram tiene acceso total a los mensajes directos de sus usuarios. El cifrado de extremo a extremo desaparece y textos, im�genes y audios quedan a su disposici�n. Quieren, as�, poder intervenir en casos de acoso y situaciones violentas. Quienes defienden el derecho a la privacidad andan descabezados. Consideran que la empresa de cuyos productos se benefician de manera gratuita est� metiendo sus narices en asuntos privados. En palabras de los mayores observadores de la �poca: haber estudiao. Salvo novedad, el correo postal y el tel�fono fijo siguen en funcionamiento.
Los directos de Instagram deben limitarse al rajoteo de stories ajenas y el reenv�o de v�deos de palomas amigas de un gato. Y que les pregunten a los infieles: lo verdaderamente peliaguado siempre se esconde en la secci�n de Chats archivados de WhatsApp.
Acompa�ado y solo cuando haya luz natural, Unfriended, en Netflix.






















