Editorial
El testimonio del conductor de Carmen Pano introduce un factor de corroboraci�n externa en un terreno especialmente delicado: el de la posible financiaci�n ilegal del PSOE.

Carmen Pano, ayer en el juicio.TRIBUNAL SUPREMO
Actualizado
Audio generado con IA
El juicio a Jos� Luis �balos sienta en el banquillo a una figura situada en el centro mismo del Gobierno de Pedro S�nchez y en la c�pula del PSOE, no a un personaje al margen del poder ni a un ex ministro ca�do en desgracia. Lo que empieza a ventilarse en el Supremo es una forma de corrupci�n incrustada en la direcci�n del pa�s. Por eso resulta tan relevante que, junto al desfile acostumbrado de comisionistas, testaferros y conseguidores, hayan aflorado ahora elementos externos que refuerzan la verosimilitud de las acusaciones m�s graves.
La principal novedad en la sesi�n de ayer fue que tres testigos (Carmen Pano, la hija de esta y el conductor de la primera) mencionaron las bolsas con �tacos� de billetes depositados en Ferraz y una presunta comisi�n de medio mill�n de euros pagada por el due�o de Air Europa por el rescate a la aerol�nea. El testimonio del tercero de ellos introduce un factor de corroboraci�n externa en un terreno especialmente delicado: el de la posible financiaci�n ilegal del PSOE.
No hay aqu� todav�a el rastro material que ser�a deseable en episodios tan imp�dicos. Hay declaraciones, no pruebas plenas. Pero ser�a igual de irresponsable despreciar su fuerza indiciaria. Porque lo que comparece ante la opini�n p�blica es un relato cada vez m�s veros�mil de bolsas de dinero, favores ministeriales, chal�s pagados como contraprestaci�n y gestiones pol�ticas contaminadas por intereses privados.
Ese mundo turbio suele presentarse desde el PSOE y sus terminales como si fuera simple folclore de bajos fondos: personajes extravagantes, novias, ch�feres, intermediarios, fanfarrones. Pero esa galer�a de personajes no es una an�cdota pintoresca, sino la excrecencia natural que germina alrededor de la corrupci�n.
Desde el Gobierno socialista y sus �rbitas empieza a replicarse un relato: abandonado por todos en 2016, Pedro S�nchez tuvo que apoyarse en los pocos fieles que quedaron a su lado. Un capital humano �nfimo con el que, sin embargo, logr� convertirse en presidente. De ah�, prosigue el discurso, que confiase ciegamente en figuras como �balos y Cerd�n. Esta narraci�n, pretendidamente exculpatoria, es en realidad una incriminaci�n, dado que fue decisi�n de S�nchez mantenerlos a todos en lo alto del escalaf�n. Nada de lo que ahora se juzga puede desligarse de esa responsabilidad pol�tica originaria. El presidente no puede seguir fingiendo que todo esto pertenece al pasado de un colaborador desviado.
El juicio en el Supremo vuelve a acercar al PSOE al lugar del que intenta huir: la sospecha fundada de que la corrupci�n fue un sistema y no un accidente. Y cada nueva sesi�n hace m�s dif�cil sostener que todo este lodazal no toc� la cima misma del poder.





















