En manos de Teresa Peramato está decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para encubrir las conductas de su antecesor

Álvaro García Ortiz, entrevistado por Jordi Évole en La Sexta.LA SEXTA
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La cloaca socialista que pretendió desbaratar las causas contra el Gobierno, el partido y el entorno del presidente no sólo llegó hasta la directora general de la Guardia Civil: penetró en lo más alto de la Fiscalía General del Estado.
El Gobierno y sus altavoces han pretendido convertir al condenado Álvaro García Ortiz en la prueba viva del lawfare. La narrativa siempre fue falsa. García Ortiz nunca fue víctima; al contrario, encarnó la captura partidista de las instituciones y la obstrucción a la Justicia. Por eso mismo la nueva sospecha que se cierne sobre él es coherente: en nada sorprendería que hubiera colaborado con la guerra sucia de Leire Díez y Santos Cerdán para perjudicar a la Fiscalía Anticorrupción y proteger a Pedro Sánchez.
Hoy sabemos que en marzo y abril de 2025, en plena investigación contra el fiscal general, su alfil Diego Villafañe recibió al menos dos veces a la fontanera en la sede de Fortuny. Y lo hizo de forma absolutamente anómala: no se levantaron actas, no se informó a Anticorrupción y no quedó rastro de las visitas en los registros.
La segunda anomalía compete a la actual fiscal general. Primero, por el oscurantismo: sólo ha reconocido estas dos citas tras las referencias aparecidas en las libretas de Leire, a requerimiento del juez Pedraz y después de que un periodista de comprobado alineamiento con García Ortiz difundiera los primeros detalles.
A ello se suma la inverosimilitud de las explicaciones ofrecidas. Por un lado, la cúpula fiscal no recibe a un ciudadano cualquiera que lo solicita. Por otro, Villafañe alega que desconocía la auténtica identidad de Leire, que se habría presentado como compañera de bufete del abogado Jacobo Teijelo. Es ridículo: hacía ya medio año que la prensa la había señalado con nombre y apellidos como la fontanera de Ferraz.
En manos de Teresa Peramato está decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para encubrir las conductas de su antecesor. Está a tiempo de elegir el camino contrario: transparencia y rendición de cuentas para restaurar el prestigio de la Fiscalía General del Estado.






