La econom�a urgente
Para afrontar el desaf�o de la deuda convendr�an varias cosas, empezando por contar con unos presupuestos actualizados cada a�o

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Las grandes cifras macroecon�micas suelen encerrar curiosas paradojas. Ejemplo de ello es la deuda p�blica, que ha descendido en 20 puntos de PIB en los �ltimos cinco a�os pese a haberse disparado en nada menos que en 351.000 millones en el periodo. Magia potagia.
El truco se encuentra en el denominador, es decir, al comparar la deuda con la propia econom�a espa�ola, es el crecimiento de �sta el que permite reducir la ratio. En cristiano: supone que el Gobierno ha podido reducir la deuda gracias �nicamente al buen comportamiento de la econom�a y sin tener que hacer esfuerzo alguno. Sigue manteniendo una brecha considerable entre lo que ingresa y lo que gasta, distancia que financia con deuda, pero a�n as� puede exhibir buenas cifras.
Coincide, adem�s, con que la ola inflacionista posterior a la pandemia ha impulsado los ingresos tributarios -pagamos m�s impuestos- con lo que todo el viento sopla a favor en un entorno de gastos crecientes. En los pr�ximos a�os el envejecimiento de la poblaci�n presionar� al alza el gasto en pensiones, salud y dependencia, por citar algunos, a lo que se sumar� el gasto en defensa y una necesidad de mantener el pulso en la inversi�n p�blica, al menos para mantener las infraestructuras del pa�s.
Estos nubarrones en el horizonte, con los que previsiblemente tendr� que lidiar el pr�ximo inquilino de la Moncloa, dificultar�n el cumplimiento de las reglas fiscales europeas, lo que obligar� a hacer ajustes. Adem�s, los costes de la deuda -lo que pagamos en intereses- ir�n creciendo poco a poco, una losa m�s para el saneamiento de las cuentas.
Para afrontar este desaf�o convendr�an varias cosas. La primera, contar con unos presupuestos actualizados cada a�o -este es el tercer ejercicio en el que operamos con los de 2023 y el a�o pr�ximo podr�a ser el cuarto-. La segunda, cierta estabilidad parlamentaria para poder acometer reformas que fomenten la eficiencia del gasto -no ya gastar menos, sino al menos gastar mejor- y el crecimiento a largo plazo. Y la tercera, m�s rigor en la gesti�n, y que al menos el Ejecutivo se marque como objetivo que, con lo que ingresa, d� para financiar su gasto, sin contar con los mencionados intereses. Son s�lo tres cosas, pero m�s dolorosas que seguir viviendo de rentas.























