Tras el auto del juez Calama hacen falta explicaciones profusas, no eslóganes. Sánchez debe explicar por qué dio un giro de 180 grados hacia Venezuela, y qué influencia tuvo Zapatero en ello

Zapatero estrecha la mano de Delcy Rodríguez en Caracas, en 2015.Efe
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El extraño papel de José Luis Rodríguez Zapatero en Venezuela siempre ha estado rodeado de sospechas. Su abierta cercanía al autócrata Nicolás Maduro y a su «amiga» Delcy Rodríguez debieron hacer saltar todas las alarmas en cualquier demócrata hace años. Pero en el Gobierno de España no sólo no saltaron: al contrario. La línea de blanqueamiento del régimen abanderada por Zapatero fue la que se impuso en La Moncloa y la que se mantiene hoy por razones nunca suficientemente explicadas.
Ahora sabemos, según los abundantes indicios recogidos por el juez José Luis Calama, que el ex presidente socialista explotó sus contactos políticos como pretendido mediador para hacer negocios que le reportaron beneficios millonarios. Por eso la posición de España se ve severamente comprometida. Sánchez está obligado a explicar a los españoles por qué motivos concretos dio un giro de 180 grados hacia Venezuela, y qué influencia tuvo Zapatero en ese viraje. Porque, como desgrana hoy nuestro corresponsal Daniel Lozano, ambas líneas discurrieron a la vez.
La historia es conocida pero debe recordarse hoy, cuando la Audiencia Nacional sitúa al asesor áulico de Sánchez y faro emocional del PSOE no ya como comisionista de Plus Ultra, sino como la figura de referencia para que países como la dictatorial China compraran petróleo venezolano. Que un ex presidente aparezca inmerso en este tipo de negocios supera los más bajos límites morales.
Defenestrado por su propio partido tras la crisis financiera, Zapatero penetró en el círculo de Delcy y Jorge Rodríguez hasta convertirse en un activo clave para el régimen: aplacando a la oposición, culpando a EEUU y utilizando las excarcelaciones seleccionadas como tarjeta de presentación de su pretendida batalla por los «derechos humanos». Así llegó la moción de censura a Rajoy y tras ella, en poco más de un año, el enorme giro de España: de llamar «tirano» a Maduro, Sánchez pasó a abrazar una alianza con el régimen que no se rompió ni con el obsceno fraude electoral de 2024 y que ha tomado vigor con Delcy al mando y EEUU abriendo el grifo del crudo.
Zapatero ha actuado durante años como el legitimador internacional de un régimen salvaje que ha aplastado las libertades de su pueblo, lo ha torturado y ha perseguido a los demócratas. Y mientras los presos políticos morían en las cárceles, el pueblo pasaba hambre y millones huían, el ex presidente se enriquecía presuntamente actuando de intermediador para PDVSA, protagonista del mayor desfalco que se recuerda.
Albares dijo ayer que «la política de España hacia Venezuela se guía por un único interés, que es el de los españoles y las españolas». Tras el auto del juez Calama hacen falta explicaciones profusas, no eslóganes: conforme se conocen nuevos detalles de las pesquisas, la desconfianza hacia el Gobierno sólo va en aumento.






















