


























Viene a cuento este título, que evoca un conocido refrán, porque España recibió, hace ya tiempo, un requerimiento imperioso del anterior presidente mexicano -Andrés Manuel López Obrador-, ratificado luego por su sucesora -Claudia Sheinbaum Pardo-, en demanda de una petición de perdón por los pretendidos desmanes de nuestros -y suyos- antepasados durante la conquista. Y a esta demanda se ha añadido recientemente otra presentada por el actual lehendakari, Imanol Pradales Gil, en la que reivindica el Guernica para exponerlo temporalmente en Bilbao, apelando a una pretendida "reparación" histórica, que no es más que un revisionismo victimista. Nada nuevo. Y la guinda la puso el mismo lehendakari cuando, sintiéndose jaquetón, dijo con retintín: "Sacaron a Franco de su tumba, ¿y no pueden traer un cuadro?".
¿Por qué ha obrado así, imperioso y desconsiderado, mentando sin venir a cuento al general Franco, cuya querencia pictórica iba evidentemente por otros derroteros? No por amor al arte. La exigencia va mucho más allá. Se trata de una cosa muy distinta: de remover las meninges, agitar la memoria y, aprovechando el jaleo, barrer para casa. En definitiva, un caso más de utilización política sesgada de la memoria histórica, puesta en circulación por un presidente del Gobierno de España del que, al principio pensé que era una cosa, y hoy pienso que es otra mucho peor. Menos mal que el ministro de Cultura -un catalán ilustrado que está a la izquierda de todas las izquierdas que es fan i es desfan- ha entrado al quite y, basándose en frías razones de conservación del cuadro, que en nada merman sus acreditadas credenciales progresistas, se ha opuesto muy circunspecto al traslado.
A las 3 de la tarde del 17 de julio de 1986 se cumplieron 50 años del inicio de la última Guerra Civil. El ambiente de 1936 era muy diferente del de 1986: tenso, cargado y sofocante; el propio de un país arruinado, internacionalmente marginado, sin objetivos, deprimido y hundido en una espiral de violencia con un "fuego cruzado" exhaustivamente inventariado por Fernando del Rey y Manuel Álvarez Tardío. Por el contrario, en 1986 -escribe Varela Ortega-, se había completado con éxito, satisfacción y orgullo la Transición -que fue una transacción- y el país, incorporado a la Unión Europea y a la Alianza Atlántica, lanzado por una senda de fuerte crecimiento económico, apertura y creciente prestigio internacional, respiraba un ambiente positivo de seguridad, autoestima y optimismo. En este marco, resultó natural que Felipe González dijese, 25 años después de su estallido, que una guerra civil no se conmemora.
Pero, a partir de 2004, fue rebrotando entre nosotros una guerra de viejos reproches, una querella en la que parecen reproducirse antiguos y sobados argumentos de aquel trágico enfrentamiento civil de hace casi 100 años. Se ha cumplido así la profecía de Azaña: "Se tejerá una historia oficial para los vencedores, y acaso una antihistoria, no menos oficial, para los proscritos". Mucho tiempo después, Julián Marías también vio claro "el peligro de que nos vuelvan a contar la guerra desde la otra beligerancia". Y esto es lo que viene sucediendo bajo la rúbrica de la recuperación de la "memoria histórica", algo que no existe más que en los textos oficiales de los regímenes autoritarios o de aquellos que aspiran a serlo. Me acojo, para cerrar esta desolada reflexión, al testimonio de un historiador aceptado por todos, el profesor Santos Juliá, para quien el final de la renuncia a la utilización política de la tragedia de la guerra y de la postguerra responde a la resaca de parte de la izquierda frente a las victorias del PP en el 1996 y el 2000. De parte de la izquierda -añadiría yo- y de todos los separatistas.
Ahí se inscribe la petición de lehendakari Pradales, que, en su forma delata la intención que oculta, y que sólo merece una respuesta: no. La exigencia actual de un ajuste de cuentas con el pasado responde a la nostalgia de un fin revolucionario de la dictadura, que hubiese hecho posible dar la vuelta a la tortilla.
Juan-José López Burniol es abogado
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。