Cabo Suelto
Nadie queda ya que reconozca la voz de Garc�a Lorca. Escuchamos su m�sica al piano. Y lo vemos moverse con la sonrisa grande en las grabaciones de entonces. Pero su voz no aparece.

Federico Garc�a Lorca en Granada, en 1935.CENTRO FEDERICO GARC�A LORCA
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La Residencia de Estudiantes exhibe hasta el pr�ximo mes de julio la mejor parte del archivo del poeta Federico Garc�a Lorca. Manuscritos, dibujos, fotograf�as, libros, la guitarra, el piano que existe desde hace m�s de 100 a�os en la misma Resi. Todo esto que permanece porque la familia y los amigos se emplearon en salvarlo del horror sucesivo despu�s del crimen. 1936. 18 de agosto. Granada.
En su muerte descubrimos la horma fea de nuestra historia. Lo asesinaron por la espalda. La orden lleg� de Sevilla, dicen que de un fan�tico Queipo de Llano y la ejecut� un Vald�s. Federico Garc�a Lorca es de los poetas m�s importantes del siglo XX, y de los anteriores y de los que vendr�n. De Federico Garc�a Lorca sabemos casi todo porque es el m�s estudiado de su generaci�n, el m�s observado al trasluz, el de maleficio m�s extremo. Y sin embargo nadie puede decir ya c�mo sonaba su voz. La voz del que re�a y prend�a la noche al piano y gozaba simult�neamente de vivir y de cuanto tiene el gozo de pecado.
Una ma�ana en casa de uno de sus amigos mejores en la Residencia de Estudiantes, el intacto Pep�n Bello, escuch� la mejor expresi�n sobre la voz de Lorca: "Federico hablaba... A ver, perm�tame unos segundos... Federico, s�... A ver c�mo lo digo... Federico hablaba con la voz dura, una voz de madera". La definici�n, exacta o no, es dif�cil hacerla m�s bella. Hablar con la voz de madera es hablar muy vivo en matices. As� lo imagino. Ronco de tabacos y alegre de vientos. La voz de Lorca es lo que falta por recobrar de aquel hombre que parti� en dos la poes�a en espa�ol de su tiempo con un libro angustiado y capital de asombros: Poeta en Nueva York, conjunto escrito entre 1929 y 1931, que se public� ya p�stumo en 1940. Hasta �l hemos ido a abrevar tantas veces, como animales con sed.
Nadie queda ya que reconozca la voz de Garc�a Lorca. Escuchamos su m�sica al piano. Y lo vemos moverse con la sonrisa grande en las grabaciones de entonces. Pero su voz no aparece. La voz de Lorca es el �ltimo enigma que importa de veras de cuantos a�n acumula. M�s que los huesos arrojados al hoyo amargo de V�znar. No quisiera dejar este perro mundo sin escuchar esa voz de andaluz de genio oscuro, dotado de la m�s alta extra�eza. Antes que la calavera es la voz, porque si un d�a, por lo que sea, regresa la sonoridad del poeta tendremos irremediablemente al hombre entero, al bromista, al tr�gico, al maldito, al deseante, al ni�o vendaval, y ser� ya completa la diab�lica fascinaci�n.



















