Editorial
La visita concluy� sin sobresaltos y en un clima de respeto mutuo que deber�a ser la normalidad, no la excepci�n

Le�n XIV y Marco Rubio, ayer en el Vaticano.Vatican Media via AP
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El encuentro que se produjo ayer en el Vaticano entre el Papa Le�n XIV y el secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, representa un intento de reconducir unas relaciones deterioradas por los desmesurados ataques de Donald Trump al primer Pont�fice norteamericano de la historia. Resulta imposible determinar hasta qu� punto responden a una estrategia electoral o si s�lo son fruto de las habituales improvisaciones del presidente, pero la serie de descalificaciones que ha dirigido al jefe de la Iglesia cat�lica lo retratan una vez m�s como un l�der narcisista e incontenible, dispuesto a enfrentarse a cualquiera que no le apoye de forma incondicional.
En ese contexto, la reuni�n de ayer, a la que sigui� otro encuentro con el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, puede servir para reparar unas relaciones que han sido tradicionalmente estrechas, y que s�lo Trump ha complicado de forma inesperada, con el consiguiente desconcierto de parte de su electorado. Es significativo, adem�s, que el encargado de tender puentes haya sido Rubio, de religi�n cat�lica y origen latino, y que est� ganando peso como el perfil m�s diplom�tico y sensato del gabinete.
Resulta incomprensible que esta misma semana, cuando la cita con Rubio ya estaba anunciada, Trump volviera a arremeter contra el Papa, a quien acus� de querer que Ir�n construya armas nucleares. En anteriores ocasiones le hab�a llamado �d�bil� y �p�simo en pol�tica exterior�, y lleg� a representarse a s� mismo como Jesucristo en una imagen creada con inteligencia artificial. Se trata de una caricaturizaci�n artificial de Le�n XIV, quien ha defendido una resoluci�n pac�fica de la guerra en consonancia con los valores humanistas de la Iglesia, pero sin buscar el choque con Trump.
En contraste con el marco polarizador y de constante se�alamiento de enemigos que promueve el mandatario republicano, la visita de Rubio concluy� sin sobresaltos y en un clima de respeto mutuo que deber�a ser la normalidad, no la excepci�n.



























