Mientras las tribus de palmípedos aplaudían lo que no entendían, una enorme perforadora empezaba a destrozar la gran explanada del Valle de los Caídos

Visita del Papa León XIV al Congreso de los Diputados.MUNDO
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Contra lo que yo temía, el discurso del Papa en las Cortes fue un homenaje al catolicismo español, a través de la Escuela de Salamanca, tan respetuoso de la verdad histórica como certero al señalar su vigencia. Nada que ver con las bobadas de la Escuela de Traductores de Toledo y demás genuflexiones ante el Islam de su primer discurso. Lo que León XIV explicó es la razón moral que lleva a los cristianos a poner límites al poder, y cómo esa tradición, la de la Escuela de Salamanca, de Vives a Mariana, se convirtió en derecho de gentes, a partir de lo que la España del XVI encontró en América y pensó qué ética debía legitimar el nuevo cuerpo legal del poder político. Pero la base era, es, que, dado que el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, tiene una dignidad sagrada que el poder político, en sus leyes, debería respetar.
Es mentira que llamase a abolir leyes vigentes, aunque las de los últimos ocho años podrían abolirse todas y saldríamos ganando. Lo que hizo fue recordar lo que el pensamiento católico español dice sobre el valor de la persona, como base del quehacer legislativo. Defender la vida desde la concepción hasta el "ocaso natural", es lógico en esa visión del mundo, como el derecho a educar a los niños en los valores morales y religiosos de sus familias. Celaá, ministra de Educación, decía que los niños pertenecen al Estado, no a las familias. Es la misma idea de Lenin, Mussolini, Hitler y otros socialistas estadólatras. Repulsiva para quien aprecie algo la libertad.
Yo disiento de lo que dijo el Papa sobre la inmigración y las guerras, porque oculta el carácter masivo de la que padecemos y el factor islamista que hace de grupos teóricamente asimilables tribus decididamente hostiles, véase Francia. A Irán no se convence con jaculatorias, y no cabe predicar la guerra a Trump y la paz a Teherán, Moscú y Pekín ¡en nombre de la ONU! Pero, en conjunto, el discurso me pareció excelente.
Sin embargo, mientras las tribus de palmípedos aplaudían lo que no entendían, una enorme perforadora empezaba a destrozar la gran explanada del Valle de los Caídos, con la cruz más alta del mundo. Sánchez dejaba claro que, con Papa y sin Papa, nunca tolerará la libertad, ni la religiosa ni ninguna que no le convenga. Como los que volaron los Budas de Bamiyán, estos ayatolás de puticlub piensan excavar a la entrada de la Basílica una dizque grieta, en realidad fosa, al modo de Paracuellos. Y el permiso para ese crimen de lesa ética y estética se lo firmó a Bolaños, a espaldas de los católicos, el ubicuo Cobo, el cardenal iscariote. Eso sí que es feo.
























